Incluyo articulos y notas del autor de la monumental obra Las Venas Abiertas de America Latina, Eduardo Galeano.
Apuntes del Más Allá |
El turismo de después. Entierros celestiales, precios terrenales. Por 12.500 dólares, tendrá usted su tumba en el Valle del Silencio: “Descanse en paz. En la luna”, ofrece la empresa norteamericana Celestis Inc., que ya tiene tres satélites funerarios en órbita. Los cohetes llevarán las cenizas de los clientes desde la base de Cabo Cañaveral. Por un precio adicional de 5600 dólares, la empresa Earthview brinda un video del lanzamiento y asegura el envío de un epitafio digital hacia una estrella que será bautizada con el nombre del finado.
Estos fueron los dos primeros epitafios enviados al cielo:
Qué vista tan magnífica.
Mi espíritu está libre para elevarse.
El Más Acá. Estimado señor Futuro,
De mi mayor consideración:
Le estoy escribiendo esta carta para pedirle un favor. Usted sabrá disculpar la molestia.
No, no tema, no es que quiera conocerlo. Ha de ser usted un señor muy solicitado, habrá tanta gente que querrá tener el gusto; pero yo no. Cuando alguna gitana me atrapa la mano, para leerme el porvenir, salgo corriendo a la disparada antes de que ella pueda cometer semejante crueldad.
Y sin embargo usted, misterioso señor, es la promesa que nuestros pasos persiguen queriendo sentido y destino. Y es este mundo, este mundo y no otro mundo, el lugar donde usted nos espera. A mí y a los muchos que no creemos en los dioses que nos prometen otras vidas en los lejanísimos hoteles del Más Allá.
Y ahí está el problema, señor Futuro. Nos estamos quedando sin mundo. Los violentos lo patean, como si fuera una pelota. Juegan con él los señores de la guerra, como si fuera una granada de mano, y los voraces lo exprimen, como si fuera un limón. A este paso, me temo, más temprano que tarde el mundo podría no ser más que una piedra muerta girando en el espacio, sin tierra, sin agua, sin aire y sin alma.
De eso se trata, señor Futuro. Yo le pido, nosotros le pedimos, que no se deje desalojar. Para estar, para ser, necesitamos que usted siga estando, que usted siga siendo. Que usted nos ayude a defender su casa, que es la casa del tiempo.
Háganos esa gauchada, por favor. A nosotros y a los otros: a los otros que vendrán después, si tenemos después.
Le saluda atentamente,
Un terrestre
La guerra en palabras |
Tomado del diario argentino Página/12 21/10/2001 | |
Símbolos | |
| El teatro del Bien y del Mal Por Eduardo Galeano |
Henry Kissinger fue de los primeros en reaccionar ante la reciente tragedia. “Tan culpables como los terroristas son quienes les brindan apoyo, financiación e inspiración”, sentenció, con palabras que el presidente Bush repitió horas después.
Aunque ahora el líder de la Civilización esté exhortando a una nueva Cruzada, Alá es inocente de los crímenes que se cometen en su nombre. Al fin y al cabo, Dios no ordenó el holocausto nazi contra los fieles de Jehová y no fue Jehová quien dictó la matanza de Sabra y Chatila ni quien mandó expulsar a los palestinos de su tierra. ¿Acaso Jehová, Alá y Dios a secas no son tres nombres de una misma divinidad?
Algunas modestas proposiciones |
La conquista de la luna
El “Acuerdo que regula las actividades de los estados en la luna y en otros cuerpos celestes” establece que “ni la superficie ni el subsuelo de la luna será propiedad de ningún estado, organización ni persona”. Los Estados Unidos no han firmado este tratado internacional. Y el US Space Command, que coordina sus fuerzas armadas de aire, mar y tierra, está proclamando oficialmente, y públicamente, la necesidad de “controlar el espacio” para poder “dominar” la tierra. Y ésos son los términos, palabra más, palabra menos, con que el presidente Bush explica su resurrección de la Guerra de las Estrellas, que había iniciado Ronald Reagan.
Alguna trascendencia les reconoció, en cambio, Rudolph Giuliani. En años recientes, cuando el alcalde emprendió su cruzada contra el hampa en Nueva York, condenó a los peligrosos autores de palabras y dibujitos, porque “ensuciando las paredes revelan una conducta protocriminal”. En cambio, se supone, revelan una irreprochable conducta las empresas que cubren las ciudades con anuncios de publicidad descaradamente mentirosos. Las paredes, me parece, opinan otra cosa. Ellas no siempre se sienten violadas por las manos que las escriben o las dibujan. En muchos casos, están agradecidas. Gracias a esos mensajes, ellas hablan y se divierten. Bostezan de aburrimiento las ciudades intactas, que no han sido garabateadas por nadie en los poquitos espacios no usurpados por las ofertas comerciales. Somos muchos los lectores al paso. Y diga lo que diga la respetable Academia, somos muchos los que cada día comprobamos que las anónimas inscripciones trascienden a sus autores. Alguien, quién sabe quién, desahoga su bronca personal, o trasmite alguna idea que le ha visitado la cabeza, o se saca las ganas de tomarse el pelo o tomar el pelo a los demás: a veces ese alguien está siendo mano de muchos. A veces ese alguien está oficiando de intérpretes de los sentires colectivos, aunque no lo sepa ni lo quiera. Aquí va una breve recopilación, dividida por temas, de algunas frases que he leído últimamente en diversas ciudades: en las paredes, que vienen a ser algo así como las imprentas más democráticas de todas.Tiempos modernosSi la cárcel está llena de inocentes, ¿dónde están los delincuentes? Yo no vendo a mi madre. Ya la vendió mi padre. Oculté tan bien lo que pensaba, que ya no lo recuerdo. Tanta lluvia y tan poco arcoiris. ¿Y si hay guerra y no va nadie? En mi hambre, mando yo.PreguntasVivir solo ¿es tan imposible como vivir acompañado? Los mudos ¿practican el sexo oral? ¿El amor muere o cambia de domicilio? Un parto en la calle ¿es alumbrado público? Si María era virgen, ¿Jesús era adoptado? Cuando yo sea niño, ¿seré poeta?De ellas sobre ellosHombre que no miente es mujer. Una mujer sin hombre es como un pez sin bicicleta. El 99 por ciento de los hombres da mala reputación al resto. Prometen regalos y dan palos. ¿Qué hacen las mujeres antes de encontrar al hombre de sus sueños? Se casan y tienen hijos. Detrás de toda mujer feliz, hay un machista abandonado. Si Dios hizo a Adán a su imagen y semejanza, ¿quién nos defiende de Dios?De ellos sobre ellasMujer que no rompe las bolas es hombre. Cada día mueren dieciocho mil mujeres, y a la mía ni le duele la cabeza. La mujer en casa y con la pata rota. Linda como mujer de otro. Si se callaran un momento, podría decirles cuánto las amo. Cuando no te lo cobran, te lo hacen pagar. Si las mujeres fueran necesarias, Dios tendría una.La Tercera VíaHappy birthgay. Iguales, pero diversos. Somos así porque nos gusta, aunque no les guste. Lo único contra natura es el voto de castidad. No tengo miedo de mí. Yo soy Adán, más Eva. Si Dios me hizo así, Dios es gay.TodosTe amo y no puedo parar.Morir¿Por qué tienen muros los cementerios, si los que están adentro no pueden salir y los que están afuera no quieren entrar? Los muertos no nos dejan vivir, porque no los dejamos morir. La muerte es un mal hereditario. Hablaban tan bien de mí, que pensé que me había muerto. La muerte siempre gana, pero te da una vida de ventaja. No te preocupes tanto por la vida, porque no saldrás vivo de ella. Todos los dioses fueron inmortales. Lo único seguro es que quién sabe.Zig y zagCon el tigre delante, no hay burro con reuma. La calle Después lleva a la plaza Nunca. Soñé que tenía insomnio. Yo camino con ojos en los pies. |
Charles Kettering y Alfred Sloan, directivos de la General Motors, fueron los principales promotores de este veneno. Ellos han pasado a la historia como benefactores de la medicina, porque fundaron un gran hospital.Chiste 2Ya los griegos y los romanos sabían que el plomo era enemigo de la sangre, el suelo, el aire y el agua. Eso no tiene nada de nuevo. Sin embargo, algunos países siguen agregando plomo a la nafta. Y mi país, el Uruguay, pongamos por caso, llega más allá: castiga la buena conducta. La nafta sin plomo cuesta más cara. Quien contamina menos paga más. Chiste 3Una empresa norteamericana, Ethyl, y una empresa inglesa, Octel, venden afuera lo que está prohibido adentro. El aditivo de plomo para la gasolina se exporta a los países que pueden ser intoxicados impunemente: casi toda el Africa y algunos otros países del sur del mundo. Para ser un negocio en agonía, no está tan mal. El balance de 1999 reveló que Ethyl tuvo una ganancia bruta de 190 millones de dólares. El problema de Jack el Destripador era que estaba mal asesorado. El pobre Jack no tenía agentes de relaciones públicas que maquillaran su imagen, ni expertos en publicidad que bendijeran sus actos. En cambio, la empresa Ethyl, nacida del matrimonio de General Motors y Standard Oil, dice en su propaganda que “el respeto por la gente” es el valor más importante que guía sus acciones y que hace lo que hace desarrollando “una cultura basada en la confianza mutua y el respeto mutuo”. Y la empresa Octel explica: “Octel continúa desempeñando un papel primordial en el proceso universal de eliminación de los combustibles con plomo, a través del suministro seguro y eficiente de plomo para combustibles, que seguirá brindan- do a sus clientes mientras ellos lo requieran”. Una obra maestra: practicar el crimen es la mejor manera de colaborar en la lucha contra el crimen.Chiste 4Según el último informe del Banco Mundial, el quince por ciento de la población del planeta devora la mitad de toda la energía que el planeta consume. Los automóviles tragan buena parte de esa mitad. En los países ricos, hay 580 vehículos por cada mil habitantes; en los países pobres, hay diez. Los países ricos han prohibido la gasolina con plomo, pero sus habitantes de cuatro ruedas escupen otros venenos. De la vertiginosa motorización de las calles proviene buena parte de los gases que recalientan el planeta, enloquecen el clima y perforan el ozono. Los automóviles son cada vez más numerosos y cada vez más grandes. Quizá las 4 x 4, que todos los niños del mundo sueñan con tener, se llaman así porque consumen cuatro veces más combustible que los autos pequeños. Hágase nuestra voluntad, así en la tierra como en el cielo: salvo los bebés, todos tienen automóvil propio en el país que más energía traga y más veneno escupe. El país más glotón y derrochón contiene nada más que el 4 por ciento de la población mundial, emite nada menos que el 24 por ciento del dióxido de carbono que agrede la atmósfera y gasta dinerales en la publicidad que lo absuelve. Una organización modestamente llamada Fuerza de Tareas de los Líderes Globales del Medio Ambiente del Mañana ha difundido un mapamundi ecológico, publicado con el mayor destaque en la revista Newsweek y en otros medios, junto con un texto explicativo. Los Líderes Globales demuestran que los países más ricos son los mejores amigos de la naturaleza, los más “eco-friendly”, y los principales culpables de las calamidades ecológicas del planeta son Bangladesh y Uganda. Chiste 5 El dióxido de carbono ¿ataca la memoria? Habría que ver. En su campaña presidencial, George W. Bush había prometido que iba a limitar las emisiones de gases tóxicos. Olvidó su promesa apenas abrió la puerta de la Casa Blanca. Dijo no al acuerdo internacional de Kioto y confirmó así, una vez más, que los únicos discursos que merecen ser creídos son los discursos no pronunciados. Chiste 6El gobierno del planeta ¿es un gobierno o un oleoducto? Las empresas petroleras fueron las que más dinero aportaron a la campaña de Bush, que fue la más cara de la historia. El presidente había fundado la empresa petrolera Arbusto Oil, que luego se llamó Bush Exploration y que fue finalmente vendida a la Harken Oil & Gas. El vice, Dick Cheney, acumuló su fortuna personal desde la empresa petrolera Halliburton. A la cabeza de la Seguridad Nacional está Condoleezza Rice, que integró el directorio de la empresa petrolera Chevron entre 1991 y el año 2000. Don Evans, secretario de Comercio, fue presidente de la empresa petrolera Tom Brown Inc. y director de la empresa petrolera TMBR/Sharp Drilling. Kathleen Cooper, que se ocupa del comercio en la Secretaría de Asuntos Económicos, fue ejecutiva de la empresa petrolera Exxon. Thomas White, de la Secretaría de Defensa, fue vicepresidente de la empresa petrolera Enron Corporation.Chiste 7Podría llamarse Asociación para el Exterminio del Planeta y sus Alrededores. Pero no: se llama Centro Mundial para el Medio Ambiente.Entre sus miembros figuran British Petroleum, Occidental Petroleum, Exxon, Texaco, International Paper, Weyerhaeuser, Novartis, Monsanto, BASF, Dow Chemical y Royal Dutch Shell. Todos estos amigos de la naturaleza y de la especie humana, que periódicamente se condecoran entre sí, anunciaron que la empresa Shell recibirá la Medalla de Oro del Medio Ambiente correspondiente al año 2001. Entre los muchos méritos de la empresa, cabe mencionar sus esfuerzos por arrasar el delta del Níger y por lograr que la dictadura de Nigeria enviara a la horca, en 1995, al escritor Ken Saro-Wiwa y a otra gente molesta que andaba protestando. |
Tomado del diario La Jornada México 15/4/2001 |
Más de 90 millones de clientes acuden, cada semana, a las tiendas Wal-Mart. Sus más de novecientos mil empleados tienen prohibida la afiliación a cualquier sindicato. Cuando a alguno se le ocurre la idea, pasa a ser un desempleado más. La exitosa empresa niega sin disimulo uno de los derechos humanos proclamados por la Organización de Naciones Unidas: la libertad de asociación. El fundador de Wal-Mart, Sam Walton, recibió en 1992 la medalla de la libertad, una de las más altas condecoraciones que otorga Estados Unidos. Uno de cada cuatro adultos estadunidenses, y nueve de cada diez niños, engullen en McDonald's la comida plástica que los engorda. Los trabajadores de McDonald's son tan desechables como la comida que sirven: los pica la misma máquina. Tampoco ellos tienen el derecho de sindicalizarse. En Malasia, donde los sindicatos obreros todavía existen y actúan, las empresas Intel, Motorola, Texas Instruments y Hewlett Packard lograron evitar esa molestia. El gobierno de Malasia declaró "union free", libre de sindicatos, el sector electrónico. Tampoco tenían ninguna posibilidad de agremiarse las 190 obreras que murieron quemadas en Tailandia, en 1993, en el galpón trancado por fuera, donde fabricaban los muñecos de Sesame Street, Bart Simpson y los Muppets. Bush y Gore coincidieron, durante la campaña electoral del año pasado, en la necesidad de seguir imponiendo en el mundo el modelo estadunidense de relaciones laborales. "Nuestro estilo de trabajo", como ambos lo llamaron, es el que está marcando el paso de la globalización, que avanza con botas de siete leguas y entra hasta en los más remotos rincones del planeta. La tecnología, que ha abolido las distancias, permite ahora que un obrero de Nike en Indonesia deba trabajar 100 mil años para ganar lo que gana, en un año, un ejecutivo de Nike en Estados Unidos, y que un obrero de la IBM en Filipinas fabrique computadoras que él no puede comprar. Es la continuación de la época colonial, en una escala jamás conocida. Los pobres del mundo siguen cumpliendo su función tradicional: proporcionan brazos baratos y productos baratos, aunque ahora produzcan muñecos, zapatos deportivos, computadoras o instrumentos de alta tecnología, además de producir, como antes, caucho, arroz, café, azúcar y otras cosas malditas por el mercado mundial. Desde 1919, se han firmado 183 convenios internacionales que regulan las relaciones de trabajo en el mundo. Según la Organización Internacional del Trabajo, de esos 183 acuerdos Francia ratificó 115, Noruega 106, Alemania 76 y Estados Unidos... 14. El país que encabeza el proceso de globalización sólo obedece sus propias órdenes. Así garantiza suficiente impunidad a sus grandes corporaciones, lanzadas a la cacería de mano de obra barata y a la conquista de territorios que las industrias sucias pueden contaminar a su antojo. Paradójicamente, este país que no reconoce más ley que la ley del trabajo fuera de la ley es el que ahora dice que no habrá más remedio que incluir "cláusulas sociales" y de "protección ambiental" en los acuerdos de libre comercio. ¿Qué sería de la realidad sin la publicidad que la enmascara? Esas cláusulas son meros impuestos que el vicio paga a la virtud con cargo al rubro de relaciones públicas, pero la sola mención de los derechos obreros pone los pelos de punta a los más fervorosos abogados del salario de hambre, el horario de goma y el despido libre. Desde que Ernesto Zedillo dejó la presidencia de México pasó a integrar los directorios de la Union Pacific Corporation y del consorcio Procter & Gamble, que opera en 140 países. Además, encabeza una comisión de las Naciones Unidas y difunde sus pensamientos en la revista Forbes. En idioma tecnocratés, se indigna contra "la imposición de estándares laborales homogéneos en los nuevos acuerdos comerciales". Traducido, eso significa: arrojemos de una buena vez al tacho de la basura toda la legislación internacional que todavía protege a los trabajadores. El presidente jubilado cobra por predicar la esclavitud. Pero el principal director ejecutivo de General Electric lo dice más claro: "Para competir, hay que exprimir los limones". Los hechos son los hechos. Ante las denuncias y las protestas, las empresas se lavan las manos: yo no fui. En la industria posmoderna, el trabajo ya no está concentrado. Así es en todas partes, y no sólo en la actividad privada. Los contratistas fabrican las tres cuartas partes de los autos de Toyota. De cada cinco obreros de volkswagen en Brasil, sólo uno es empleado de la empresa. De los 81 obreros de Petrobrás muertos en accidentes de trabajo en los últimos tres años, 66 estaban al servicio de contratistas que no cumplen las normas de seguridad. A través de 300 empresas contratistas, China produce la mitad de todas las muñecas Barbie para las niñas en todo el mundo. En China sí hay sindicatos, pero obedecen a un estado que en nombre del socialismo se ocupa de la disciplina de la mano de obra: "Nosotros combatimos la agitación obrera y la inestabilidad social, para asegurar un clima favorable a los inversores", explicó recientemente Bo Xilai, secretario general del Partido Comunista en uno de los mayores puertos del país. El poder económico está más monopolizado que nunca, pero los países y las personas compiten en lo que pueden: a ver quién ofrece más a cambio de menos, a ver quién trabaja el doble a cambio de la mitad. A la vera del camino están quedando los restos de las conquistas arrancadas por dos siglos de luchas obreras en el mundo. Las plantas maquiladoras de México, Centroamérica y el Caribe, que por algo se llaman "sweat shops", talleres del sudor, crecen a un ritmo mucho más acelerado que la industria en su conjunto. Ocho de cada diez nuevos empleos en Argentina están "en negro", sin ninguna protección legal. Nueve de cada diez nuevos empleos en toda América Latina corresponden al "sector informal", un eufemismo para decir que los trabajadores están librados a la buena de Dios. La estabilidad laboral y los demás derechos de los trabajadores, ¿serán de aquí a poco un tema para arqueólogos? ¿No más que recuerdos de una especie extinguida?En el mundo al revés, la libertad oprime: la libertad del dinero exige trabajadores presos de la cárcel del miedo, que es la más cárcel de todas las cárceles. El dios del mercado amenaza y castiga; y bien lo sabe cualquier trabajador, en cualquier lugar. El miedo al desempleo, que sirve a los empleadores para reducir sus costos de mano de obra y multiplicar la productividad, es, hoy por hoy, la fuente de angustia más universal. ¿Quién está a salvo del pánico de ser arrojado a las largas colas de los que buscan trabajo? ¿Quién no teme convertirse en un "obstáculo interno", para decirlo con las palabras del presidente de la Coca-Cola, que hace un año y medio explicó el despido de miles de trabajadores diciendo que "hemos eliminado los obstáculos internos"? Y en tren de preguntas, la última: ante la globalización del dinero, que divide al mundo en domadores y domados, ¿se podrá internacionalizar la lucha por la dignidad del trabajo? Menudo desafío. |
| DOS VISIONES SOBRE EL ZAPATISMO |
Setenta años después, la biogenética nos promete, como regalo del naciente milenio, una nueva raza humana. Cambiando el código genético de las generaciones venideras, la ciencia producirá seres inteligentes, bellos, sanos y quizás inmortales, según el precio que cada familia pueda pagar. James Watson, Premio Nobel, descubridor de la estructura del ADN y jefe del Proyecto Genoma Humano, predica el despotismo científico. Watson se niega a aceptar ningún límite a la manipulación de las células humanas reproductivas: ningún límite a la investigación, ni al negocio. Sin pelos en la lengua, proclama: “Debemos mantenernos al margen de los reglamentos y las leyes”. Gregory Pence, que dicta cátedra de Etica Médica en la Universidad de Alabama, reivindica el derecho de los padres a elegir los hijos que tendrán, “del mismo modo que los criadores hacen cruzas buscando al perro más adecuado para una familia”. Y el economista Lester Thurow, del Massachusetts Institute of Technology, exitoso teórico del éxito, se pregunta quién podría negarse a programar un hijo con mayor coeficiente intelectual. “Si usted no lo hace –advierte–, sus vecinos lo harán, y entonces su hijo será el más estúpido del barrio.” Si la suerte nos acompaña, los viveros del futuro generarán superniños parecidos a estos genios. El mejoramiento de la especie ya no requerirá los hornos de gas donde Alemania purificó la raza, ni la cirugía que Estados Unidos, Suecia y otros países aplicaron para evitar que se reprodujeran los productos humanos de mala calidad. El mundo fabricará personas genéticamente modificadas, como fabrica ya alimentos genéticamente modificados. 2001, odisea del espacio: ya estamos en el 2001 y ya comemos comida química, como había anunciado, hace más de treinta años, la película de Stanley Kubrick. Ahora, los gigantes de la industria química nos dan de comer. Cuestión de siglas: después del DDT y del PCB, que por fin fueron prohibidos cuando hacía años que se sabía que daban más cáncer que felicidad, ha llegado el turno de los GM, los alimentos genéticamente modificados. Desde Estados Unidos, Argentina y Canadá, los GM invaden el mundo entero, y todos somos conejillos de Indias de estos experimentos gastronómicos de los grandes laboratorios. En realidad, ni siquiera sabemos qué comemos. Salvo contadas excepciones, las etiquetas de los envases no nos advierten que contienen ingredientes que han sufrido la manipulación de uno o varios genes. La empresa Monsanto, la principal proveedora, no incluye el dato en sus etiquetas de origen, ni siquiera en el caso de la leche proveniente de vacas tratadas con hormonas transgénicas de crecimiento. Esas hormonas artificiales favorecen el cáncer de próstata y de seno, según varias investigaciones publicadas en The Lancet, Science, The International Journal of Health Services y otras revistas científicas, pero la Food and Drug Administration de Estados Unidos autorizó la venta de la leche sin mención en las etiquetas, porque al fin y al cabo las hormonas apresuran el crecimiento y aumentan el rendimiento y, por lo tanto, también aumentan la rentabilidad. Lo primero es lo primero, y lo primero es la salud de la economía. De todos modos, cuando Monsanto está obligada a confesar lo que vende, como en el caso de los herbicidas, la cosa no cambia mucho. Hace un par de años, la empresa tuvo que pagar una multa por “setenta y cinco menciones inexactas” en los bidones del venenoso herbicida Roundup. Le hicieron precio. Pagó tres mil dólares por cada mentira. Algunos países se defienden, o al menos intentan defenderse. En Europa, la importación de productos de la ingeniería genética está prohibida en algunos casos y en otros está sometida a control. Desde 1998, por ejemplo, la Unión Europea exige etiquetas claras para la soja genéticamente modificada, pero se hace muy difícil llevar a la práctica esta buena intención. El rastro se pierde en las múltiples combinaciones: según Greenpeace, la soja GM está presente en el sesenta por ciento de toda la comida procesada que se ofrece en los supermercados del mundo. En las manifestaciones ecologistas, un gran pescado alza un cartel: No se metan con mis genes. Al lado, un tomate gigante exige lo mismo. En todo el mundo se multiplican las voces de protesta. La actitud europea es un resultado de la presión de la opinión pública. Cuando los granjeros franceses incendiaron los silos llenos de maíz transgénico, por el daño notorio que hacía al ecosistema, el agitador campesino José Bové se convirtió en un héroe nacional, un nuevo Asterix que alegó, en su defensa: “Nosotros, los granjeros y los consumidores, ¿cuándo fuimos consultados sobre esto? Nunca”. El gobierno francés, que lo había metido preso, desautorizó los cultivos del maíz inventado por la biotecnología. Algún tiempo después, la empresa norteamericana Kraft Foods devolvió millones de tortillas de maíz transgénico, marca Taco Bell, abrumada por las quejas de los consumidores que habían sufrido reacciones alérgicas. Mientras tanto, la canciller Madeleine Albright decía y repetía en Europa, según es obligación prioritaria de la diplomacia norteamericana: “No hay ninguna prueba de que los alimentos genéticamente modificados sean perjudiciales para la salud ni para el ambiente”. Los europeos tienen muy concretos motivos para desconfiar de las piruetas tecnocráticas en la mesa del comedor. Están escamados por su reciente experiencia con las vacas locas. Mientras comían pasto o alfalfa, durante miles de años, las vacas se habían comportado con una cordura ejemplar y habían aceptado, resignadas, su destino. Así fue, hasta que el loco sistema que nos rige decidió obligarlas al canibalismo. Las vacas comieron vacas, engordaron más, brindaron a la humanidad más carne y más leche, fueron felicitadas por sus dueños y aplaudidas por el mercado –y se volvieron locas de remate–. El asunto dio origen a muchos chistes, hasta que empezó a morir gente. Un muerto, diez, veinte, cien... En 1996, el Ministerio británico de Agricultura había informado a la población que el pienso de sangre, sebo y gelatina de origen animal era un alimento seguro para el ganado e inofensivo para la salud humana. |
Los hermanos gemelos no necesitan espejo. Cada gemelo sirve de espejo a su hermano: cuando uno mira al otro, se ve. |
El sol que vino del oeste |
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| El espejo Los hermanos gemelos no necesitan espejo. Cada gemelo sirve de espejo a su hermano: cuando uno mira al otro, se ve. Joseph Stiglitz fue vicepresidente del Banco Mundial hasta principios de este año. En abril, a modo de despedida, publicó en la revista The New Republic un artículo que retrata, sin piedad, a una organización todopoderosa: no el Banco Mundial, en cuyas cumbres estuvo sentado, sino el Fondo Monetario Internacional. Pero el retrato resultó, también, un involuntario autorretrato. Si Dios quiere y la Virgen, el vicepresidente del Fondo Monetario Internacional nos ofrecerá, cuando se jubile, la verdadera fotografía de frente y perfil del Banco Mundial, que resultará idéntica a la de su hermano gemelo. ''Porque lo mismo es lo mismo, y además es igual", como bien dice un anónimo filósofo que deambula por los cafés de mi barrio; y porque la dictadura financiera universal se ejerce de a dos pero los dos son uno, según el misterio del Santísimo Dúo. El sol que vino del oeste El retrato que traza Stiglitz parece obra de alguno de esos miles de artistas de la denuncia que han armado tremendo alboroto en Seattle, Washington y Praga. Los hermanos gemelos habían proyectado la reunión de Praga, prevista desde hace algunos años, como una celebración. El evangelio del mundo libre y el catecismo del mercado libre habían salvado a los países del Este, y el milagro bien valía una fiesta. ¿Se arruinó la fiesta por culpa de los convidados de piedra, esos metelíos que tienen la mala costumbre de asomar la nariz donde nadie los llama? He aquí el milagro, según Joseph Stiglitz: ''La rápida privatización urgida a Moscú por el Fondo Monetario Internacional y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha permitido que un reducido grupo de oligarcas se apoderara de los bienes públicos... Mientras el gobierno no tenía fondos para pagar las pensiones, esos oligarcas estaban enviando a sus cuentas en los bancos de Chipre y Suiza el dinero proveniente del desmantelamiento del estado y de la venta de los preciosos recursos nacionales... Sólo dos por ciento de la población vivía en la pobreza al final del triste periodo soviético, pero la 'reforma' elevó la tasa de pobreza a casi el cincuenta por ciento, con más de la mitad de los niños rusos viviendo por debajo de sus necesidades mínimas". La computadora infiel Un dibujo de Plantu, publicado en Le Monde, muestra a un taxista de ojos rasgados llevando a un pasajero. El pasajero es un experto del Fondo Monetario. El taxista pregunta: -¿Usted viene al Asia con frecuencia? -No. Pero te indicaré el camino. Stiglitz lo dice de otra manera: ''Cuando el FMI decide ayudar a un país, despacha una 'misión' de economistas. Frecuentemente, estos economistas carecen de experiencia en el país; conocen mejor los hoteles de cinco estrellas que las aldeas del campo". Y cuenta: ''Escuché versiones sobre un infortunado incidente. Uno de estos equipos de expertos copió una extensa parte del informe sobre un país y lo pasó, tal cual estaba, al informe sobre otro país. Todo hubiera quedado así, a no ser porque el procesador de palabras no funcionó como debía, y dejó el nombre del país original en algunos párrafos". Y comenta: ''Uuuy". Además de ejercer, hasta hace un ratito, la vicepresidencia del Banco Mundial, Stiglitz fue también jefe de sus economistas. Se ve que él ha sido más cuidadoso con las computadoras a la hora de procesar, para cada país, los proyectos fabricados en serie. Tal para cual Egipto sufrió nada más que siete plagas, pero eso ocurrió mucho antes de la globalización. Las calamidades de ahora se programan y se aplican en escala universal. Escribe Stiglitz: ''Al FMI no le gusta que le hagan preguntas. En teoría, ayuda a las instituciones democráticas en los países donde opera. En la práctica, socava el proceso democrático al imponer sus políticas". Y presiente las explosiones de protesta: ''Dirán que el FMI es arrogante. Dirán que el FMI no escucha a los países en desarrollo a los que se supone que ayuda. Dirán que el FMI funciona en secreto y sin contabilidad democrática. Dirán que los 'remedios' del FMI a menudo empeoran las cosas... Y no les faltará razón". Exactamente lo mismo dirán del Banco Mundial, y tampoco les faltará razón. Pero el presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, es un incomprendido: ''Resulta desmoralizador ver toda esta movilización por la justicia social, cuando nosotros la ponemos en práctica cada día. Nadie en el mundo está haciendo tanto por los pobres como nosotros", dice. ¿Y cómo expresa el Banco Mundial ese amor por los pobres? Como su hermano gemelo: multiplicándolos. Tomado de La Insignia y publicado en el diario La jornada, el 7 de octubre de 2000. |
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Con la mirada clavada allá, en los altos picos donde se enredan los jirones del crepúsculo, Levi evoca los tiempos idos. Ya hace casi medio siglo que se vino a la Patagonia, desde Buenos Aires, por casualidad o curiosidad, y aquí se quedó para siempre: caminando estas tierras y estos aires, Levi descubrió que sus padres se habían equivocado de mapa cuando le dieron nacimiento. Apenas llegó al sur, este sur que iba a ser su lugar en el mundo, Levi consiguió trabajo en un proyecto de hidroponía. Un doctor del lugar había leído, en alguna revista, que los norteamericanos estaban plantando lechugas en el agua, y el doctor decidió poner en práctica esa novedad. Levi cavaba, clavaba, sudaba, montando día tras día una complicada estructura de tubos acanalados, hierros y cristales. Si lo hacen en Estados Unidos por algo será, decía el doctor, es una fija, no puede fallar; esa gente está a la vanguardia de la civilización y de todo, llevamos varios siglos de atraso; la tecnología es la llave de la riqueza. En aquellos tiempos, Levi era todavía un bicho urbano, un hombre del adoquín o del asfalto, de esos que creen que los tomates nacen del plato y se quedan bizcos cuando ven un pollo que camina. Pero un día, contemplando las inmensidades de la Patagonia, la vasta verdería de estos valles vacíos, se le ocurrió preguntar: –Oiga, doctor. ¿Valdrá la pena? ¿Valdrá la pena, con tanta tierra que hay? Perdió el trabajo. Visitas Había corrido la sangre, sangre de los inocentes y sangre de los valientes y Sicilia parecía por fin libre de mafiosos. Entonces, llegaron los extraterrestes. En la ciudad de Palermo, que está en la punta de esa isla que la bota de Italia patea, un vecino llamado Salvatore denunció a la policía que un extraterrestre le había robado la motoneta. Otro vecino, Sergio, publicó una carta, en un diario local, revelando que había sido secuestrado por unos enanos con antenitas. Mientras tanto, otro vecino, Aldo, se preparaba para viajar al espacio sideral. Tenía listo el equipaje, no más que un par de zapatillas y una camiseta, ayunaba para no pesar y se había afeitado todo el cuerpo, hasta las cejas, para que la astronave pudiera aspirarlo sin que los pelos molestaran la fuerza magnética. Había un planeta, decía Aldo, donde las máquinas hacían todo y la gente era feliz. El desobediente Wagner Adoum andaba en su automóvil con la vista siempre clavada al frente, sin echar jamás ni una sola ojeada a los carteles que daban órdenes al borde de las calles de Quito y de las carreteras del país. Los amigos le decían que eres un suicida y un peligro público, que ya basta de provocar zafarranchos y estampidas, tienes que respetar los carteles, hazlo por tu vida y por la vida de los demás. Pero él se defendía. No lo hago por distraído, decía: –Yo nunca maté a nadie. Y si tengo los años que tengo y sigo vivo, es porque nunca hice el menor caso a los carteles. Gracias a eso, decía, él no había bebido un océano de coca-colas, ni había comido una montaña de hamburguesas, ni se había cavado un cráter en la panza tragando millones de aspirinas y había evitado que las tarjetas de crédito lo hundieran hasta los pelos en el pantano de las deudas. Y así se había salvado de morir por ahogo, indigestión, hemorragia o asfixia. El funcionario Horacio Tubio había alzado casa en el valle de El Bolsón, pero la casa no tenía luz eléctrica. El había venido desde California, cargando sus modernos chirimbolos: la computadora, el fax, el televisor y el lavarropas se negaban a funcionar con luz de velas. Horacio acudió a la oficina correspondiente. Lo atendió un ingeniero. El ingeniero consultó unos enigmáticos mapas y respondió que ya el servicio estaba funcionando en esa zona. –Sí, funciona –reconoció Horacio–. Funciona en el bosque y solamente en el bosque. Los árboles me dijeron que están agradecidos, pero ellos no necesitan luz eléctrica. El ingeniero se indignó: –¿Sabe cuál es su problema? La arrogancia –sentenció–. Con esa arrogancia, usted no va a conseguir nunca nada. Horacio se retiró, cerró la puerta. Y enseguida golpeó, toc-toc: –¡Adelante! –mandó el ingeniero. Toc-toc, seguían los golpecitos. El ingeniero se levantó y abrió: Horacio estaba allí, de rodillas humillando la cabeza: –Usted, ingenierio, que ha tenido la suerte de poder estudiar... –Levantese, levantese. Arrodillado, Horacio gemía: –Usted que tiene un título, ingeniero... Horacio miraba al suelo; el ingeniero miraba al techo: –Levantese, por favor. –Comprenda mi situación, ingeniero, yo quisiera aprender a leer, pero no tengo luz... —Le ruego que se levante –suplicaba el ingeniero. –... y sin luz, ¿cómo voy a aprender a leer? –insistía Horacio, las rodillas clavadas al piso–. Usted comprenda... Al día siguiente, la luz eléctrica llegó a su casa. El cielo y el infierno Los bisontes de Altamira siguen huyendo; la Gioconda sigue ofreciendo su sonrisa sobradora; no se han muerto los fusilados que Goya pintó ni se han marchitado los girasoles de Van Gogh. Cuando dan inmortalidad a lo que pintan, aunque sea no más que una terrestre y mortal inmortalidad, los artistas desafían la ley divina: Dios sospecha, con toda razón, que estos señores quieren hacerle la competencia y eso a El no le gusta ni un poquito. El Tola Invernizzi, que es del oficio, sabe que los pintores no van al Cielo. Pero tiene esperanzas. Fuentes bien informadas le contaron que allá en las alturas han cambiado, en estos últimos días, las leyes de inmigración y que ahora están otorgando facilidades. Ya San Pedro no alza la mano para impedirte el paso: –Usted no ha sido tan bueno como dice. En cambio, el portero de Dios te palmea la espalda: –Usted no ha sido tan malo como cree. Dice el Tola que le dijeron que la nueva política celestial se explica porque el Paraíso se ha quedado casi vacío. Algunas almas, las más santas, ya no podían soportar las comodidades del aire acondicionado sabiendo que hay otras almas condenadas a achicharrarse en el fuego y, por solidaridad, han renunciado al reino de la salvación y se han arrojado a los abismos. El eterno aburrimiento ha empujado a otras almas, no tan santas, a pedir el retiro, hartas como estaban de pasarse la eternidad escuchando siempre a los mismos angelitos tocando siempre el mismo concierto para arpa sola y siempre sobre la misma nube. Y otras almas, muchas, han sucumbido a la publicidad, que desde el infierno promete calor tropical, carne a las brazas, trago gratis, amor libre y otras perdiciones. | |||
El toreroRafael Gallo, señor de los ruedos, había cumplido gran faena en la plaza de toros de Albacete y había recibido, en trofeo, las orejas y el rabo. Mientras se desnudaba de su traje de luces, el diestro decidió: –Ahora mismo nos volvemos a Sevilla. El ayudante le explicó que no se podía, que ya era muy tarde: –Y lo lejos que está Sevilla... Rafael se irguió. Como si estuviera en plena lidia, y su ayudante fuera toro, mandó: –¡Quietooooooo! Hecho un relámpago de furia, puso las cosas en su sitio: –¿Qué has dicho tú, qué has dicho? Sevilla está donde debe estar. Lo que está lejos es esto.Los inmigrantesUna piedra, un trébol de cuatro hojas, una flor que ya no tenía olor ni color, un zapato solo, un mechón de pelo, una vieja llave que había perdido su puerta, una pipa que había perdido su boca, el nombre de alguien bordado en un pañuelo, el retrato de alguien en marco de óvalo, una cobija que había sido compartida y otras cosas y cositas venían envueltas, entre ropas muy gastadas y lavadas, en las valijas de los peregrinos. No era mucho lo que cabía en cada valija, pero en cada valija cabía un mundo. Chueca, destartalada, atada con cordones o mal cerrada por herrajes herrumbrosos, cada valija era como eran todas, pero cada una era igual a ninguna. Los hombres y las mujeres llegados desde lejos se dejaban llevar, como sus valijas, de fila en fila, y se amontonaban, como sus valijas, esperando. Venían de remotas aldeas perdidas en el mapa de Europa, fugitivos de la miseria y de otros horrores, y al cabo de la larga travesía habían desembarcado en la isla Ellis. Estaban a un paso de la Estatua de la Libertad, que había llegado poco antes que ellos al puerto de Nueva York. En la isla, funcionaba el colador. Los porteros de la Tierra Prometida interrogaban y clasificaban a los inmigrantes, les escuchaban el corazón y los pulmones, les estudiaban los párpados, las bocas y los dedos de los pies, los pesaban y les medían la presión, la fiebre, la estatura y la inteligencia. Los exámenes de inteligencia eran un desastre. Muchos de los recién llegados no sabían escribir y no atinaban más que a balbucear palabras incomprensibles, en lenguas desconocidas. Para definir su coeficiencia intelectual, las mujeres debían contestar, entre otras preguntas, cómo se barría una escalera: ¿Se barría hacia arriba, hacia abajo o hacia los costados? Una muchacha polaca respondió: –Yo no he venido a este país para barrer escaleras.El pianoVino desde Europa. Metido en un inmenso cajón, viajó en barco, en tren y despuésen hombros. Fue cargado a pulso, Bolivia adentro: cuarenta peones se abrieron paso a través de las serranías, inventando puentes, escaleras y caminos, con aquella mole encima. Cinco meses llevó el atroz subibaja por barrancos y quebradas, hasta que por fin el piano Steinway llegó, sin un rasguño, a la ciudad de Tarija. Por entonces, Tarija estaba habitada por catorce mil novecientos cincuenta mandados y cincuenta mandones. En las cumbres, la única dama que no tenía piano era doña Beatriz Arce de Baldiviezo. Un tío preocupado había enviado este regalito, desde París, para que recuperara su color natural y pudiera respirar tranquila la sobrina que vivía roja de envidia y suspirando noche y día. Y no era un piano cualquiera. Aquel Steinway de gran cola lucía, dentro de la tapa, los sellos de los premios que le habían otorgado todos los imperios y reinos de Europa, y sonaba tan gloriosamente que se alzaba solito desde el piso. Pasaron los años y las gentes, el tiempo y la historia. Tarija creció y todo cambió. Y un día, doña María Nidi Baldiviezo, que había recibido el piano en herencia, salió del consultorio médico sabiendo que estaba enferma de cáncer. De la fortuna familiar ya sólo quedaban el piano y la nostalgia y doña María no tenía otra cosa que vender para pagarse el viaje y el tratamiento en Houston. Recibió la primera oferta desde Japón. Ella se negó. La segunda propuesta vino desde los Estados Unidos, y ella no la aceptó. El tercer comprador llamó desde Alemania, y ella no hizo caso. Y lo mismo ocurrió con los interesados que acudieron desde Buenos Aires, La Paz y Santa Cruz. La vendedora decía no a los precios altos, a los precios bajos y a los del medio también. Entonces, doña María reunió a los musiqueros, los teatreros, los imagineros y demás eros de Tarija y les propuso, desde su lecho de enferma: –Dénme lo que tengan, y se quedan con el Steinway. Ellos vaciaron los bolsillos, unos pocos billetes arrugados y sucios, y ella dijo: –Trato hecho. Doña María se quedó sin viaje y sin tratamiento, pero así se cumplió la voluntad del piano. Aunque el piano había nacido en tierras lejanas, bautizado por las manos de Franz Liszt, era en Tarija donde había encontrado querencia, y queriendo querer quería quedarse allí. Y allí, donde poco después doña María murió, él continúa prestando sus invalorables servicios en las veladas culturales, en las efemérides patrias y en todos los actos cívicos de la localidad.El destinoAlbert Londres había viajado a través del mundo y de las gentes y había escrito veinte libros. Había escuchado y contado historias de locos y desterrados, atletas y malandrines, guerreros y damas de la noche. Había escrito sobre los hervideros de furia de los Balcanes y de Argelia y sobre la trata de negros en Dakar y la trata de blancas en Buenos Aires. Había compartido las aventuras y las desventuras de los soldados en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, los revolucionarios en las barricadas de Rusia y China, los pescadores de perlas en el golfo de Adén y los presos condenados a infierno perpetuo en la cárcel de Cayena. Albert había escrito mucho y había andado mucho, hasta más allá del horizonte, cuando una noche encontró lo que buscaba sin saber qué buscaba. Los dioses tuvieron la gentileza o cometieron la crueldad de revelarle lo que él había estado esperando, sin saber qué esperaba, durante todos sus años de vida peregrina. Ocurrió en China, y Albert se puso a escribir un libro que ocupó, desde entonces, todas las horas de su vigilia y de su sueño. Escribió sin parar, sin comer ni dormir, para eso había nacido, ése era el primero y el último y el único libro entre todos sus libros: escribió en la tierra y en la mar, empezó a escribir encerrado en su habitación de un hotel de Shanghai y después siguió escribiendo encerrado en su camarote de un barco llamado “Georges Philppar”. Durante todos los días y las noches de la navegación, escribió y escribió, hasta que al llegar a las aguas del mar Rojo el barco se incendió y él no tuvo másremedio que salir a cubierta y a los empujones fue metido en el bote salvavidas. Ya el bote se estaba alejando del naufragio, cuando Albert se golpeó la frente, gritó ¡mi libro! y se echó al agua. Nadando, llegó. Trepó como pudo al barco en llamas y se metió en el fuego, donde su libro ardía. Y nunca más se supo de ninguno de los dos. |
| La monarquía universal Por Eduardo Galeano |