Actualidad

Articulos de Eduardo Galeano

31 de Julio de 2007

Incluyo articulos y notas del autor de la monumental obra Las Venas Abiertas de America Latina, Eduardo Galeano.

Apuntes del Más Allá
Por Eduardo Galeano *

Informaciones útiles. La tradición islámica prohíbe tomar vino en la Tierra, pero el Corán promete vino incesante en el Cielo. El Corán, que condena el adulterio en la Tierra, también promete bellas vírgenes y apuestos mancebos, disponibles en cantidad, para el goce eterno en el Jardín del Deleite que aguarda a los muertos virtuosos.
La tradición católica, amiga del vino en el Más Acá, no ofrece vino en el Más Allá, donde los elegidos de Dios serán sometidos a una dieta de leche y miel. Y según el dictamen del papa Juan Pablo II, en el Paraíso los hombres y las mujeres estarán juntos, pero “serán como hermanos”.
Por influencia de la vida ultraterrena o por otros motivos, hay 1300 millones de musulmanes y 1000 millones de católicos.
Pero quien mejor conoce el Cielo no es musulmán, ni católico. El telepredicador evangelista Billy Graham, cuyas luces orientan al presidente Bush en las tinieblas de este mundo, es el único ser humano que ha sido capaz de medir el reino de Dios. La Billy Graham Evangelistic Association, con sede en Minneapolis, ha revelado que el Paraíso mide mil quinientas millas cuadradas.
A fines del siglo veinte, una encuesta de Gallup indicó que ocho de cada diez estadounidenses creen que los ángeles existen. Un científico del American Institute of Physics (College Park, Md) aseguró que es imposible que más de diez ángeles puedan bailar al mismo tiempo en una cabeza de alfiler, y dos colegas del Departamento de Física Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela informaron que la temperatura del infierno es de 279 grados.
Mientras tanto, los servicios de telecomunicaciones de Israel dieron a conocer el número del fax de Dios (00972-25612222) y su sitio en Internet (www.kotelkam.com).
Agradezco el milagro. Mensajes escritos por diversas generaciones, a lo largo de muchos años, en los exvotos de lata pintada, en las iglesias de México:
El 15 de junio de 1790, un asesino se arrepintió ante la prodigiosa imagen del Señor de Plateros y así fue resucitado el hombre a quien él había dado muerte con una grande piedra. Y para testimonio del milagro, el resucitado trajo la piedra sobre su cabeza a este santuario, al día siguiente de cometido el crimen.
La Sra. Margarita Canales de Gutiérrez da gracias a la Virgen Ntra. Sra. de Guadalupe porque el 10 de enero de 1914 las tropas de Pancho Villa entraron en Ojinaga y violaron a su hermana y a ella no.
El Sr. Pablo Estrada, decepcionado por la muerte de su madre, apeló al suicidio, pegándose seis veces con un martillo, dándole gracias a la Virgen de San Juan por haberle quitado ese mal pensamiento.
Doy infinitas gracias al Santo Niño de Atocha por librarme de una pena de 40 años de prisión y sólo pagarla con 8 días. José Guadalupe de la Rueda, Penal de Barrientos.
Doy gracias al Santo Niño porque tengo tres hermanas y yo soy la más fea y me casé primero.
Infinitas gracias doy a la Virgencita de los Dolores porque antenoche mi mujer se juyó con mi compadre Anselmo y con eso él va a pagar todas las que me ha hecho.
Doi grasias al Dibino Rostro de Acapulco porque maté a mi marido i no me isieron nada. Rosa Perea.

El turismo de después. Entierros celestiales, precios terrenales. Por 12.500 dólares, tendrá usted su tumba en el Valle del Silencio: “Descanse en paz. En la luna”, ofrece la empresa norteamericana Celestis Inc., que ya tiene tres satélites funerarios en órbita. Los cohetes llevarán las cenizas de los clientes desde la base de Cabo Cañaveral. Por un precio adicional de 5600 dólares, la empresa Earthview brinda un video del lanzamiento y asegura el envío de un epitafio digital hacia una estrella que será bautizada con el nombre del finado.
Estos fueron los dos primeros epitafios enviados al cielo:
Qué vista tan magnífica.
Mi espíritu está libre para elevarse.

Lápidas. Epitafios escritos en tumbas de diversos cementerios, aquí en la Tierra:
Por querer estar mejor, estoy aquí.
Yo les dije que no me sentía bien.
Disculpen que no me levante.
Ni Dios podrá quitarme lo bailado.
Cometió el delito de ser bueno.
Esta ceniza regada fue boca besada.
Le siguen saliendo hojitas.
Saludó a los conocidos, abrazó a los amigos, besó a los queridos. Y se fue.
Ella no era de este mundo.

El Más Acá. Estimado señor Futuro,
De mi mayor consideración:
Le estoy escribiendo esta carta para pedirle un favor. Usted sabrá disculpar la molestia.
No, no tema, no es que quiera conocerlo. Ha de ser usted un señor muy solicitado, habrá tanta gente que querrá tener el gusto; pero yo no. Cuando alguna gitana me atrapa la mano, para leerme el porvenir, salgo corriendo a la disparada antes de que ella pueda cometer semejante crueldad.
Y sin embargo usted, misterioso señor, es la promesa que nuestros pasos persiguen queriendo sentido y destino. Y es este mundo, este mundo y no otro mundo, el lugar donde usted nos espera. A mí y a los muchos que no creemos en los dioses que nos prometen otras vidas en los lejanísimos hoteles del Más Allá.
Y ahí está el problema, señor Futuro. Nos estamos quedando sin mundo. Los violentos lo patean, como si fuera una pelota. Juegan con él los señores de la guerra, como si fuera una granada de mano, y los voraces lo exprimen, como si fuera un limón. A este paso, me temo, más temprano que tarde el mundo podría no ser más que una piedra muerta girando en el espacio, sin tierra, sin agua, sin aire y sin alma.
De eso se trata, señor Futuro. Yo le pido, nosotros le pedimos, que no se deje desalojar. Para estar, para ser, necesitamos que usted siga estando, que usted siga siendo. Que usted nos ayude a defender su casa, que es la casa del tiempo.
Háganos esa gauchada, por favor. A nosotros y a los otros: a los otros que vendrán después, si tenemos después.
Le saluda atentamente,
Un terrestre

La guerra en palabras
Por Eduardo Galeano

En el año mil novecientos noventa y nueve y siete meses, del Cielo vendrá un gran rey del terror. (Nostradamus, que quiso ser demasiado preciso en las fechas.)
Las torres que en el Cielo se creyeron / un día cayeron / en la humillación. (De la canción mexicana “Ay amor, qué malo eres”, que Emilio Tuero estrenó en 1951.)
Un crimen horrendo. Sus víctimas principales, como de costumbre, fueron los trabajadores. Un regalo para la derecha dura y patriotera. (Noam Chomsky.)
¡Yo los señalo con el dedo! Son los paganos, los aborteros, las feministas, los gays, las lesbianas y los de la Asociación por las Libertades Civiles... (Jerry Falwell, telepredicador evangelista, enumerando culpables.)
Lo vi rajado desde la barba hasta la parte inferior del vientre. Sus intestinos le colgaban por las piernas, se veía el corazón en movimiento... (Mahoma en el infierno, según Dante Alighieri, La Divina Comedia..
Millares de personas han creído distinguir, en el humo, una forma siniestra. Algo que se parece al rostro de Satán, con su barba, sus cuernos y una horrible expresión amenazante. (John Gibson, en Fox News, comentando una imagen de las torres incendiadas.)
Varias personas, señor Holmes, han visto en el páramo al demonio de Baskerville. No puede ser ninguno de los animales conocidos por la Ciencia. Todos concuerdan en que era una bestia corpulenta, fosforescente, siniestra y fantasmal. (Sir Arthur Conan Doyle, El sabueso de Baskerville).
La expansión del Islam ha sido una catástrofe. (Sir V. S. Naipaul, horas antes de recibir el Premio Nobel.)
Cruzada. (Nombre que los presidentes Bush y Berlusconi dieron a la nueva guerra, hasta que algún historiador les contó que, al cabo de ocho Cruzadas, los cristianos habían sido derrotados por los musulmanes).
Quien no está con nosotros, está con los terroristas... Dios no es neutral. (Presidente George W. Bush.)
América ha sido atacada por Alá Todopoderoso. (El mismo Dios, con nombre árabe, en boca de Osama Bin Laden.)
Por favor, señores, mantengan a Dios fuera de esta historia. (John Le Carré.)
Todos nuestros obreros están haciendo horas extras, pero no damos abasto. (Director de la fábrica china Mei Li Hua Flags, de Shanghai, que produce banderas de los Estados Unidos.)
No sería apropiado en un momento como éste. (Bill Gates, anunciando que Microsoft ha cambiado el eslogan “Prepárate a volar”, previsto para el nuevo programa Windows.)
Sería de mal gusto en un momento como éste. (Los productores de la nueva película de Schwartzenegger, Daño colateral, archivada antes del estreno.)
Los Estados Unidos tienen derecho a la venganza. (Jorge Castañeda, canciller de México.)
No en nombre de nuestro hijo. (Phyllis y Orlando Rodríguez, padres de una de los muertos en las torres.)
Los misiles son tan ciegos como los terroristas. (Una refugiada afgana, comentando las continuas burradas de los misiles inteligentes, que parecen estar en guerra contra la Cruz Roja.)
Los hambrientos afganos están juntando la chatarra de los misiles, para venderla a dos dólares el kilo. (Diario The News, Pakistán).
Los campesinos han vendido todo para irse. Están comiendo pasto y el grano que debían plantar el año que viene. Algunos intentan vender a sus hijas, niñas de seis años, de ocho años, por unos quince dólares. (RafaelRobillard, responsable en Afganistán de la Organización Internacional para las Migraciones.)
Ración diaria humanitaria. Comida regalada por el pueblo de los Estados Unidos de América. (Etiqueta de las bolsas arrojadas por los aviones, entre misil y misil.)
Me conmueven los niños afganos. Hemos iniciado una campaña de caridad. (Presidente George W. Bush.)
Nunca se miente tanto como antes de unas elecciones, durante una guerra y después de una cacería. (Conclusión a la que llegó, hace ciento treinta años, Otto von Bismarck, canciller de Alemania.)
Vale la pena. (Respuesta de la canciller Madeleine Albright, en mayo de 1996, al periodista que le preguntó si valía la pena la muerte de medio millón de niños por el bloqueo contra Irak.)
¿Qué es más importante para la historia del mundo? ¿El Talibán o el colapso del imperio soviético? (Zbigniew Brzezinski, que fue asesor de Seguridad de los Estados Unidos, explicando la ayuda militar secreta, desde 1979, a los extremistas islámicos en Afganistán.)
Como si fuera príncipe o cangrejo, la cultura de la violencia devora a su padre. (Comprobación de un especialista.)
No se podía permitir que un poder regional hostil tuviera de rehén buena parte del suministro mundial de petróleo. (Bush Padre, en su libro de memorias A World Transformed, confesando los verdaderos motivos por los cuales bombardeó a Irak en 1991.)
Los Estados Unidos y Europa Occidental necesitan petróleo. La producción propia sólo podría abastecerlos durante un plazo máximo de cinco y cuatro años, respectivamente. (Datos recientes de la Agencia Mundial de Energía.)
Afganistán ofrece la mejor ruta para la salida de las enormes reservas de petróleo del mar Caspio. (Lester Grau, analista militar.)
De cada diez armas que se venden en el mundo, cinco se fabrican en los Estados Unidos y dos en Gran Bretaña. (Instituto Sueco de Investigaciones de la Paz, Sipri.)
El gasto militar tiene, en los Estados Unidos, un alto poder multiplicador en la economía. (Oxford Economic Forecasting.)
Desde hace cinco siglos, las grandes potencias han dedicado a la guerra el 75 por ciento de su tiempo. (Jack Levy, profesor de Ciencias Políticas.)
En 1847, los ingleses se apoderaron de la ciudad santa de Kabul. En lugar del viejo emir aterrorizado colocaron a otro, de raza más sumisa, que ellos traían ya listo en su equipaje, con esclavas y alfombras. (Eça de Queirós.)
¿Guerra? ¿Qué guerra? Aquí, todos los días hay guerra. Yo ando siempre atrás de mi hijo, para sacarlo del tiroteo. De la guerra, yo sé todo. (Deise Nogueira, que vive en la favela de Maré, en Río de Janeiro, Brasil).
Máscaras antigases. Proteja a su familia. Descuentos a las empresas por ventas al por mayor. (Anuncio publicado en el New York Daily News.)
Ante el peligro del ántrax, el antibiótico Cipro ha elevado el valor de las acciones de la empresa Bayer de 21 a 35 en un mes. (Mediciones de Bloomberg.)
Puede afectar nuestros intereses comerciales y nuestra seguridad nacional. (Motivos por los cuales la Casa Blanca se negó a aceptar la inspección internacional de armas químicas y bacteriológicas, el 25 de julio de este año.)
Es obligatorio el uso de guantes. (Medida adoptada por las autoridades del Correo en numerosos países, en plena globalización del pánico.)
Nos hemos sacado los guantes. (Un alto funcionario de la CIA, aludiendo al permiso para matar en las llamadas “operaciones encubiertas”.)
Quien sacrifica la libertad en nombre de la seguridad no merece la libertad ni la seguridad. (Benjamin Franklin, más de dos siglos antes de las recientes leyes antiterroristas.)

Tomado del diario argentino Página/12 21/10/2001

Símbolos
Por Eduardo Galeano

NEGOCIO. “Esta guerra será larga”, ha anunciado el presidente del planeta. Mala noticia para los civiles que están muriendo y morirán, excelente noticia para los fabricantes de armas.
No importa que las guerras sean eficaces. Lo que importa es que sean lucrativas. Desde el 11 de setiembre, las acciones de General Dynamics, Lockheed, Northrop Grumman, Raytheon y otras empresas de la industria bélica han subido en línea recta en Wall Street. La bolsa las ama.
Como ya ocurrió durante los bombardeos de Irak y de Yugoslavia, la televisión rara vez muestra a las víctimas: está ocupada exhibiendo la pasarela de los nuevos modelos de armas. En la era del mercado, la guerra no es una tragedia, sino una feria internacional. Los fabricantes de armas necesitan guerras, como los fabricantes de abrigos necesitan inviernos.
HOLLYWOOD. La realidad imita al cine: todo estalla, los niños reciben misiles de la película Atlantis en la cajita feliz de McDonald’s, y es cada vez más difícil distinguir entre la sangre y el ketchup.
Ahora el Pentágono ha encargado a algunos guionistas de cine y expertos en efectos especiales que ayuden a adivinar los nuevos objetivos terroristas y que también imaginen la manera de defenderse. Según la revista Variety, uno de los que está en eso es el guionista de Duro de matar.
VESTUARIO. En una de sus imágenes más difundidas, el duro de matar Osama bin Laden lleva turbante pero tiene puesta una casaca de fajina del ejército de los Estados Unidos, y en la muñeca luce un reloj Timex, made in USA.
El también es made in USA, como los demás fundamentalistas islámicos que la CIA reclutó y armó, desde cuarenta países, contra el comunismo ateo en Afganistán. Cuando los Estados Unidos celebraron su victoria en aquella guerra, la presidenta de Pakistán, Benazir Bhutto, advirtió en vano a Bush Padre: “Ustedes han creado un monstruo, como el doctor Frankenstein”.
Y se ha comprobado, una vez más, que los cuervos arrancan los ojos de quien los cría. Pero el sponsor los sigue utilizando. Ahora, los fanáticos le sirven de coartada perfecta, para hacer la guerra contra quien quiera y como quiera y para consolidar su dominio universal. Y también para dar explicaciones indiscutibles. Durante el mes de setiembre, las empresas estadounidenses dejaron en la calle a doscientos mil trabajadores: “Llámenlos los números de Bin Laden”, sentenció la secretaria de Trabajo, Elaine Chao.
Un par de semanas antes de que se derrumbaran las torres, se estaba derrumbando la economía mundial, y la revista The Economist aconsejaba a sus lectores: “Consíganse un paracaídas”. Desde que pasó lo que pasó, quien no consiga un paracaídas puede encontrar, al menos, un culpable fabricado a medida.
PANICO. La humanidad entera está sintiendo los síntomas del ataque del ántrax, chuchos, dolor de cabeza, esa mancha en la piel que parece moretón... Todos tenemos miedo de abrir las cartas, y no porque contengan alguna impagable cuenta de impuestos o de luz, o la fatal noticia de que lamentamos comunicarle que hemos resuelto prescindir de sus servicios.
Los militares de Ucrania estaban de maniobras, cuando un misil SA-5 derribó un avión de pasajeros y mató a 78 personas. ¿Fue por error o porque los misiles inteligentes sabían que los aviones de pasajeros son armas enemigas? Los misiles inteligentes, ¿atacarán ahora las oficinas de correos?
ARMAS. Un portaaviones estadounidense, el “Nimitz”, estuvo por un día en aguas uruguayas. La visita me preocupó, porque en mi barrio hay un edificio que tiene todo el aspecto de una mezquita y con los misiles inteligentes nunca se sabe.
Afortunadamente, no pasó nada. O casi nada: unos cuantos políticos uruguayos fueron invitados a conocer el portaaviones, flotante ciudad de la muerte, y casi se matan. El avión que los llevaba aterrizó mal y quedó con un ala en el agua.
Gracias a la visita, nos enteramos de que este portaaviones ha costado 4500 millones de dólares. Según los cálculos de Unicef y de otros organismos de las Naciones Unidas, con tres portaaviones como el “Nimitz” se podría dar comida y remedios, durante un año, a todos los niños hambrientos y enfermos del mundo, que están muriendo a un ritmo de treinta y seis mil por día.
MANO DE OBRA. No sólo el terrorismo islámico tiene sus “durmientes”: también el terrorismo de Estado. Uno de los protagonistas del Plan Cóndor en los años de las dictaduras militares en América del Sur, el coronel uruguayo Manuel Cordero, ha declarado que la guerra sucia “es la única manera” de combatir al terrorismo y que son necesarios los secuestros, las torturas, los asesinatos y las desapariciones. El tiene experiencia, y ofrece su mano de obra.
El coronel dice que escuchó los discursos del presidente Bush, y que así será la tercera guerra mundial que está anunciando. Lamentablemente, escuchó bien.
ANTECEDENTES. Como el coronel, también el embajador tiene experiencia. John Negroponte, representante estadounidense en las Naciones Unidas, amenaza con llevar la guerra “a otros países”, y sabe de qué habla.
Hace unos años, él llevó la guerra a América Central. Negroponte fue el padrino del terrorismo de los contras en Nicaragua y de los paramilitares en Honduras. Reagan, el presidente de entonces, decía lo mismo que ahora dicen el presidente Bush y su enemigo Bin Laden: vale todo.
VICTIMAS. Esta nueva guerra, ¿se hace contra la dictadura talibán o contra el pueblo que la padece? ¿Cuántos civiles asesinarán los bombardeos?
Cuatro afganos, que trabajaban para las Naciones Unidas, fueron los primeros “daños colaterales” de los que se tuvo noticia. Todo un símbolo: ellos se dedicaban a desenterrar minas.
Afganistán es el país más minado del mundo. Bajo el suelo, hay diez millones de minas listas para matar o mutilar a quien las pise. Muchas fueron plantadas por los rusos, cuando la invasión, y muchas fueron plantadas, contra los rusos, por donación del gobierno de los Estados Unidos a los guerreros de Alá.
Afganistán nunca ha aceptado el acuerdo internacional que prohíbe las minas antipersonales. Los Estados Unidos, tampoco. Y ahora las caravanas de los fugitivos intentan escapar, a pie o en burro, de los misiles que llueven desde el cielo y de las minas que estallan desde la tierra.
DESGARROS. Rigoberta Menchú, hija del pueblo maya, que es un pueblo de tejedores, advierte que estamos “con la esperanza en un hilo”.
Y así es. En un hilo. En el manicomio global, entre un señor que se cree Mahoma y otro señor que se cree Buffalo Bill, entre el terrorismo de los atentados y el terrorismo de la guerra, la violencia nos está destejiendo.
El teatro del
Bien y del Mal

Por Eduardo Galeano

En la lucha del Bien contra el Mal, siempre es el pueblo quien pone los muertos.
Los terroristas han matado a trabajadores de cincuenta países, en Nueva York y en Washington, en nombre del Bien contra el Mal. Y en nombre del Bien contra el Mal, el presidente Bush jura venganza: “Vamos a eliminar el Mal de este mundo”, anuncia.
¿Eliminar el Mal? ¿Qué sería del Bien sin el Mal? No sólo los fanáticos religiosos necesitan enemigos para justificar su locura. También necesitan enemigos, para justificar su existencia, la industria de armamentos y el gigantesco aparato militar de los Estados Unidos. Buenos y malos, malos y buenos: los actores cambian de máscaras, los héroes pasan a ser monstruos y los monstruos héroes, según exigen los que escriben el drama.
Eso no tiene nada de nuevo. El científico alemán Werner von Braun fue malo cuando inventó los cohetes V-2, que Hitler descargó sobre Londres, pero se convirtió en bueno el día en que puso su talento al servicio de los Estados Unidos.
Stalin fue bueno durante la Segunda Guerra Mundial y malo después, cuando pasó a dirigir el Imperio del Mal. En los años de la guerra fría, escribió John Steinbeck: “Quizá todo el mundo necesita rusos. Apuesto a que también en Rusia necesitan rusos. Quizá ellos los llaman americanos”. Después, los rusos se abuenaron. Ahora, también Putin dice: “El Mal debe ser castigado”.
Saddam Hussein era bueno, y buenas eran las armas químicas que empleó contra los iraníes y los kurdos. Después, se amaló. Ya se llamaba Satán Hussein cuando los Estados Unidos, que venían de invadir Panamá, invadieron Irak porque Irak había invadido Kuwait. Bush Padre tuvo a su cargo esta guerra contra el Mal. Con el espíritu humanitario y compasivo que caracteriza a su familia, mató a más de cien mil iraquíes, civiles en su gran mayoría.
Satán Hussein sigue estando donde estaba, pero este enemigo número uno de la humanidad ha caído a la categoría de enemigo número dos. El flagelo del mundo se llama, ahora, Osama Bin Laden. La CIA le había enseñado todo lo sabe en materia de terrorismo: Bin Laden, amado y armado por el gobierno de los Estados Unidos, era uno de los principales “guerreros de la libertad” contra el comunismo en Afganistán. Bush Padre ocupaba la vicepresidencia cuando el presidente Reagan dijo que estos héroes eran “el equivalente moral de los Padres Fundadores de América”. Hollywood estaba de acuerdo con la Casa Blanca. En esos tiempos, se filmó Rambo 3: los afganos musulmanes eran los buenos. Ahora son malos malísimos, en tiempos de Bush Hijo, trece años después.

 

Henry Kissinger fue de los primeros en reaccionar ante la reciente tragedia. “Tan culpables como los terroristas son quienes les brindan apoyo, financiación e inspiración”, sentenció, con palabras que el presidente Bush repitió horas después.
Si eso es así, habría que empezar por bombardear a Kissinger. El resultaría culpable de muchos más crímenes que los cometidos por Bin Laden y por todos los terroristas que en el mundo son. Y en muchos más países: actuando al servicio de varios gobiernos norteamericanos, brindó “apoyo, financiación e inspiración” al terror de estado en Indonesia, Camboya, Chipre, Irán, Africa del Sur, Bangladesh y en los países sudamericanos que sufrieron la guerra sucia del Plan Cóndor.
El 11 de setiembre de 1973, exactamente 28 años antes de los fuegos de ahora, había ardido el palacio presidencial en Chile. Kissinger había anticipado el epitafio de Salvador Allende y de la democracia chilena, al comentar el resultado de las elecciones: “No tenemos por qué aceptar que un país se haga marxista por la irresponsabilidad de su pueblo”. El desprecio por la voluntad popular es una de las muchas coincidencias entre el terrorismo de estado y el terrorismo privado. Por poner un ejemplo, la ETA, que mata gente en nombre de la independencia del País Vasco, dice a través de uno de sus voceros: “Los derechos no tienen nada que ver con mayorías y minorías”.
Mucho se parecen entre sí el terrorismo artesanal y el de alto nivel tecnológico, el de los fundamentalistas religiosos y el de los fundamentalistas del mercado, el de los desesperados y el de los poderosos, el de los locos sueltos y el de los profesionales de uniforme. Todos comparten el mismo desprecio por la vida humana: los asesinos de los seis mil seiscientos ciudadanos triturados bajo los escombros de las torres gemelas, que se desplomaron como castillos de arena seca, y los asesinos de los doscientos mil guatemaltecos, en su mayoría indígenas, que han sido exterminados sin que jamás la tele ni los diarios del mundo les prestaran la menor atención. Ellos, los guatemaltecos, no fueron sacrificados por ningún fanático musulmán, sino por los militares terroristas que recibieron “apoyo, financiación e inspiración” de los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos.
Todos los enamorados de la muerte coinciden también en su obsesión por reducir a términos militares las contradicciones sociales, culturales y nacionales. En nombre del Bien contra el Mal, en nombre de la Unica Verdad, todos resuelven todo matando primero y preguntando después. Y por ese camino terminan alimentando al enemigo que combaten. Fueron las atrocidades de Sendero Luminoso las que en gran medida incubaron al presidente Fujimori, que con considerable apoyo popular implantó un régimen de terror y vendió el Perú a precio de banana. Fueron las atrocidades de los Estados Unidos en Medio Oriente las que en gran medida incubaron la guerra santa del terrorismo de Alá.

 

Aunque ahora el líder de la Civilización esté exhortando a una nueva Cruzada, Alá es inocente de los crímenes que se cometen en su nombre. Al fin y al cabo, Dios no ordenó el holocausto nazi contra los fieles de Jehová y no fue Jehová quien dictó la matanza de Sabra y Chatila ni quien mandó expulsar a los palestinos de su tierra. ¿Acaso Jehová, Alá y Dios a secas no son tres nombres de una misma divinidad?
Una tragedia de equívocos: ya no se sabe quién es quién. El humo de las explosiones forma parte de una mucho más enorme cortina de humo que nos impide ver. De venganza en venganza, los terrorismos nos obligan a caminar a los tumbos. Veo una foto, publicada recientemente: en una pared de Nueva York, alguna mano escribió: “Ojo por ojo deja al mundo ciego”.
La espiral de la violencia engendra violencia y también confusión: dolor, miedo, intolerancia, odio, locura. En Porto Alegre, a comienzos de este año, el argelino Ahmed Ben Bella advirtió: “Este sistema, que ya enloqueció a las vacas, está enloqueciendo a la gente”. Y los locos, locos de odio, actúan igual que el poder que los genera.
Un niño de tres años, llamado Luca, comentó en estos días: “El mundo no sabe dónde está su casa”. El estaba mirando un mapa. Podía haber estado mirando un noticiero.

Algunas modestas proposiciones
Por Eduardo Galeano

El soldado Timothy McVeigh puso la bomba, mató a 168 en el estado de Oklahoma y ahora está en el infierno. El gobernador George W. Bush puso la firma, mató a 152 en el estado de Texas y ahora es rey del planeta. Bush suele decir: “Hazlo a mi manera o de ninguna manera”.
Y de eso se trata. El está ocupando a su manera el trono del mundo y, a su manera, hace y deshace, pero su categórico estilo, que tan exitoso había resultado antes de la coronación, choca ahora con cierta incomprensión universal. Da la impresión de que el mundo no lo entiende, y a veces parece que el buen hombre está reinando en soledad.
Aquí van algunas sugerencias, animadas por el constructivo propósito de colaborar en su gestión. Provienen de uno más entre sus seis mil millones de súbditos, desde un país más bien ignoto que no es miembro del G-7, ni del G-8, sino del G-181.
Mejor que Kioto180 contra 1: los acuerdos de Kioto fueron votados por unanimidad menos uno. El maestro Ronald Reagan había estudiado Ciencias Políticas en las películas del Far West. Ahora su alumno se bate, él solito, como en las películas, contra todos los demás.
Bien sabe el justiciero que todo este asunto de Kioto no es más que una conspiración. Se pretende sabotear la iniciativa privada y la libertad individual. Está en juego el derecho de los Estados Unidos a seguir desarrollando su modo de vida, que se funda en el amor a los miembros más queridos de la familia: los que duermen en el garaje. Y ellos no tienen más remedio que sufrir en silencio las calumnias. Los ecoterroristas, agitadores a sueldo del transporte público, andan diciendo que los autos echan veneno al aire y arruinan la atmósfera. Así se abusa impunemente de la paciencia de los ciudadanos de cuatro ruedas, que no pueden decir ni pío. Resulta escandaloso, pero es así: los coches no tienen todavía derecho de voto, aunque son más numerosos que toda la población norteamericana adulta.
Los enemigos del progreso miran la realidad con lentes negros y anuncian catástrofes: cielo intoxicado, clima enloquecido, planeta recalentado... A este paso, dicen, nadie se salvará. Ni siquiera nosotros, los uruguayos: a la larga, si se siguen derritiendo los hielos del polo, nos quedaremos sin agua potable y sin playas. Pero el nuestro es un país libre. Si nos quedamos sin agua para beber, tendremos la libertad de elegir entre la Coca-Cola, la Pepsi y otros refrescos. Y si nos quedamos sin playas, que son las culpables de la holgazanería nacional, nuestra maltrecha economía podrá remontar espectacularmente sus índices de productividad. ¿Y qué? ¿Nos van a asustar con eso?
¿Hasta cuándo seguirá el mundo soportando estas apocalípticas profecías? ¿No habrá llegado la hora de prohibir de una vez por todas, en todos los idiomas y en todos los países, la circulación de los informes científicos que andan sembrando la alarma en la opinión pública?
Cómo vender paraguas Otro tema espinoso: el paraguas antimisiles. El presidente Bush no está consiguiendo que se tome en serio la amenaza del terrorismo internacional. No se comprende la urgente necesidad de elevar al espacio un escudo que nos defienda de la agresión inminente desde las bases terroristas en las estrellas. El mundo libre está actuando como si no hubiera más misiles que los misiles de juguete que McDonald’s regala a los niños en su cajita feliz.
Me tomo la libertad de opinar, y perdón por la insolencia: el invento es bueno y muy necesario, yo diría que imprescindible, pero me parece que el vendedor se ha equivocado de clientes. El presidente Bush insiste en promover el paraguas entre los países que no sufren ninguna lluvia. Aunque suene a pedantería, me parece oportuno recordar la ley primera del mercado: entre la oferta y la demanda, la víbora debe morderse la cola. Esta sabia enseñanza fue legada a la humanidad por Marco Licinio Craso, que vivió entre los años 115 y 53 antes de Cristo. Don Marco Licinio fundó la primera empresa de bomberos en Roma. Tuvo mucho éxito. El provocaba los incendios y después cobraba por apagarlos.
Creo que rompe los ojos: la demanda está en Irak, que viene sufriendo bombardeos desde hace diez años. El presidente Bush ha sabido perpetuar una tradición familiar que su padre inició en 1991, descargando misilazos sobre Irak en misiones de rutina que no perdonan ni a las canchas de fútbol. Es Saddam Hussein quien necesita el escudo defensivo. Y si él se niega a comprar el invento, no habrá más remedio que bombardear a otros países, para diversificar el mercado.

La conquista de la luna

El “Acuerdo que regula las actividades de los estados en la luna y en otros cuerpos celestes” establece que “ni la superficie ni el subsuelo de la luna será propiedad de ningún estado, organización ni persona”. Los Estados Unidos no han firmado este tratado internacional. Y el US Space Command, que coordina sus fuerzas armadas de aire, mar y tierra, está proclamando oficialmente, y públicamente, la necesidad de “controlar el espacio” para poder “dominar” la tierra. Y ésos son los términos, palabra más, palabra menos, con que el presidente Bush explica su resurrección de la Guerra de las Estrellas, que había iniciado Ronald Reagan.
Esto ha multiplicado las dudas y la desconfianza. Los países aliados, reinos menores en torno del reino mayor, sospechan que el monarca del planeta quiere apoderarse de la luna y de los demás astros del cielo. Ya se lo imaginan clavando carteles que dicen “Private property” en todo el espacio sideral.
Quizás, quién sabe, ciertas dificultades de expresión no ayudan a la buena fortuna que merecen sus mensajes: el presidente Bush suele no decir lo que quiere decir y con frecuencia dice lo que no quiere. Humildemente sugiero que aclare sus intenciones. Que haga pública la verdad, mediante una declaración escrita por quien sepa y pueda, sin agregar dudas a las dudas: los Estados Unidos quieren la luna para que allí puedan reunirse los que aquí en la tierra ya no encuentran lugar. Me refiero a los organismos internacionales que velan por la felicidad de un mundo que les niega sitio. Parece una sopa de letras, pero se trata nada menos que del FMI, BM, OMC, OTAN, UE, G-7 y G-8. Lo han intentado en Seattle, Washington, Los Angeles, Filadelfia, Praga, Quebec, Gotemburgo y Génova, y la furia de los vándalos les ha hecho imposible la tertulia. En la luna no tendrán ruidos molestos y el US Space Command les asegurará una protección militar invulnerable ante las amenazas de las huestes de Atila.
Y ya me dejo de dar la lata. San George está muy atareado en su guerra solitaria contra el dragón de la envidia y no hay que robarle el tiempo.

Hablan las paredes
Por Eduardo Galeano

Según el diccionario de la Real Academia Española, las frases que manos anónimas escriben en las paredes de las ciudades se llaman grafitos y “son de carácter popular y ocasional, sin trascendencia”.
Alguna trascendencia les reconoció, en cambio, Rudolph Giuliani. En años recientes, cuando el alcalde emprendió su cruzada contra el hampa en Nueva York, condenó a los peligrosos autores de palabras y dibujitos, porque “ensuciando las paredes revelan una conducta protocriminal”. En cambio, se supone, revelan una irreprochable conducta las empresas que cubren las ciudades con anuncios de publicidad descaradamente mentirosos.
Las paredes, me parece, opinan otra cosa. Ellas no siempre se sienten violadas por las manos que las escriben o las dibujan. En muchos casos, están agradecidas. Gracias a esos mensajes, ellas hablan y se divierten. Bostezan de aburrimiento las ciudades intactas, que no han sido garabateadas por nadie en los poquitos espacios no usurpados por las ofertas comerciales.
Somos muchos los lectores al paso. Y diga lo que diga la respetable Academia, somos muchos los que cada día comprobamos que las anónimas inscripciones trascienden a sus autores. Alguien, quién sabe quién, desahoga su bronca personal, o trasmite alguna idea que le ha visitado la cabeza, o se saca las ganas de tomarse el pelo o tomar el pelo a los demás: a veces ese alguien está siendo mano de muchos. A veces ese alguien está oficiando de intérpretes de los sentires colectivos, aunque no lo sepa ni lo quiera.
Aquí va una breve recopilación, dividida por temas, de algunas frases que he leído últimamente en diversas ciudades: en las paredes, que vienen a ser algo así como las imprentas más democráticas de todas.
Tiempos modernosSi la cárcel está llena de inocentes, ¿dónde están los delincuentes?
Yo no vendo a mi madre. Ya la vendió mi padre.
Oculté tan bien lo que pensaba, que ya no lo recuerdo.
Tanta lluvia y tan poco arcoiris.
¿Y si hay guerra y no va nadie?
En mi hambre, mando yo.
PreguntasVivir solo ¿es tan imposible como vivir acompañado?
Los mudos ¿practican el sexo oral?
¿El amor muere o cambia de domicilio?
Un parto en la calle ¿es alumbrado público?
Si María era virgen, ¿Jesús era adoptado?
Cuando yo sea niño, ¿seré poeta?
De ellas sobre ellosHombre que no miente es mujer.
Una mujer sin hombre es como un pez sin bicicleta.
El 99 por ciento de los hombres da mala reputación al resto.
Prometen regalos y dan palos.
¿Qué hacen las mujeres antes de encontrar al hombre de sus sueños? Se casan y tienen hijos.
Detrás de toda mujer feliz, hay un machista abandonado.
Si Dios hizo a Adán a su imagen y semejanza, ¿quién nos defiende de Dios?
De ellos sobre ellasMujer que no rompe las bolas es hombre.
Cada día mueren dieciocho mil mujeres, y a la mía ni le duele la cabeza.
La mujer en casa y con la pata rota.
Linda como mujer de otro.
Si se callaran un momento, podría decirles cuánto las amo.
Cuando no te lo cobran, te lo hacen pagar.
Si las mujeres fueran necesarias, Dios tendría una.
La Tercera VíaHappy birthgay.
Iguales, pero diversos.
Somos así porque nos gusta, aunque no les guste.
Lo único contra natura es el voto de castidad.
No tengo miedo de mí.
Yo soy Adán, más Eva.
Si Dios me hizo así, Dios es gay.
TodosTe amo y no puedo parar.Morir¿Por qué tienen muros los cementerios, si los que están adentro no pueden salir y los que están afuera no quieren entrar?
Los muertos no nos dejan vivir, porque no los dejamos morir.
La muerte es un mal hereditario.
Hablaban tan bien de mí, que pensé que me había muerto.
La muerte siempre gana, pero te da una vida de ventaja.
No te preocupes tanto por la vida, porque no saldrás vivo de ella.
Todos los dioses fueron inmortales.
Lo único seguro es que quién sabe.
Zig y zagCon el tigre delante, no hay burro con reuma.
La calle Después lleva a la plaza Nunca.
Soñé que tenía insomnio.
Yo camino con ojos en los pies.
 

Humor negro
Por Eduardo Galeano

 
Chiste 1La nafta con plomo agregado fue un inventito norteamericano. Allá por los años veinte, se impuso en los Estados Unidos y en el mundo. Cuando el gobierno estadounidense la prohibió, en 1986, la gasolina con plomo estaba matando adultos a un ritmo de cinco mil por año, según la agencia oficial que se ocupa de la protección al ambiente. Además, según las numerosas fuentes citadas por el periodista Jamie Kitman en su investigación para la revista The Nation, el plomo había provocado daños al sistema nervioso y al nivel mental de muchos millones de niños, nadie sabe exactamente cuántos, durante sesenta años.
Charles Kettering y Alfred Sloan, directivos de la General Motors, fueron los principales promotores de este veneno. Ellos han pasado a la historia como benefactores de la medicina, porque fundaron un gran hospital.
Chiste 2Ya los griegos y los romanos sabían que el plomo era enemigo de la sangre, el suelo, el aire y el agua. Eso no tiene nada de nuevo. Sin embargo, algunos países siguen agregando plomo a la nafta. Y mi país, el Uruguay, pongamos por caso, llega más allá: castiga la buena conducta. La nafta sin plomo cuesta más cara. Quien contamina menos paga más. Chiste 3Una empresa norteamericana, Ethyl, y una empresa inglesa, Octel, venden afuera lo que está prohibido adentro. El aditivo de plomo para la gasolina se exporta a los países que pueden ser intoxicados impunemente: casi toda el Africa y algunos otros países del sur del mundo. Para ser un negocio en agonía, no está tan mal. El balance de 1999 reveló que Ethyl tuvo una ganancia bruta de 190 millones de dólares.
El problema de Jack el Destripador era que estaba mal asesorado. El pobre Jack no tenía agentes de relaciones públicas que maquillaran su imagen, ni expertos en publicidad que bendijeran sus actos. En cambio, la empresa Ethyl, nacida del matrimonio de General Motors y Standard Oil, dice en su propaganda que “el respeto por la gente” es el valor más importante que guía sus acciones y que hace lo que hace desarrollando “una cultura basada en la confianza mutua y el respeto mutuo”. Y la empresa Octel explica: “Octel continúa desempeñando un papel primordial en el proceso universal de eliminación de los combustibles con plomo, a través del suministro seguro y eficiente de plomo para combustibles, que seguirá brindan-
do a sus clientes mientras ellos lo requieran”. Una obra maestra: practicar el crimen es la mejor manera de colaborar en la lucha contra el crimen.
Chiste 4Según el último informe del Banco Mundial, el quince por ciento de la población del planeta devora la mitad de toda la energía que el planeta consume. Los automóviles tragan buena parte de esa mitad. En los países ricos, hay 580 vehículos por cada mil habitantes; en los países pobres, hay diez.
Los países ricos han prohibido la gasolina con plomo, pero sus habitantes de cuatro ruedas escupen otros venenos. De la vertiginosa motorización de las calles proviene buena parte de los gases que recalientan el planeta, enloquecen el clima y perforan el ozono. Los automóviles son cada vez más numerosos y cada vez más grandes. Quizá las 4 x 4, que todos los niños del mundo sueñan con tener, se llaman así porque consumen cuatro veces más combustible que los autos pequeños. Hágase nuestra voluntad, así en la tierra como en el cielo: salvo los bebés, todos tienen automóvil propio en el país que más energía traga y más veneno escupe. El país más glotón y derrochón contiene nada más que el 4 por ciento de la población mundial, emite nada menos que el 24 por ciento del dióxido de carbono que agrede la atmósfera y gasta dinerales en la publicidad que lo absuelve.
Una organización modestamente llamada Fuerza de Tareas de los Líderes Globales del Medio Ambiente del Mañana ha difundido un mapamundi ecológico, publicado con el mayor destaque en la revista Newsweek y en otros medios, junto con un texto explicativo. Los Líderes Globales demuestran que los países más ricos son los mejores amigos de la naturaleza, los más “eco-friendly”, y los principales culpables de las calamidades ecológicas del planeta son Bangladesh y Uganda.

Chiste 5

El dióxido de carbono ¿ataca la memoria? Habría que ver. En su campaña presidencial, George W. Bush había prometido que iba a limitar las emisiones de gases tóxicos. Olvidó su promesa apenas abrió la puerta de la Casa Blanca. Dijo no al acuerdo internacional de Kioto y confirmó así, una vez más, que los únicos discursos que merecen ser creídos son los discursos no pronunciados. Chiste 6El gobierno del planeta ¿es un gobierno o un oleoducto? Las empresas petroleras fueron las que más dinero aportaron a la campaña de Bush, que fue la más cara de la historia. El presidente había fundado la empresa petrolera Arbusto Oil, que luego se llamó Bush Exploration y que fue finalmente vendida a la Harken Oil & Gas. El vice, Dick Cheney, acumuló su fortuna personal desde la empresa petrolera Halliburton. A la cabeza de la Seguridad Nacional está Condoleezza Rice, que integró el directorio de la empresa petrolera Chevron entre 1991 y el año 2000. Don Evans, secretario de Comercio, fue presidente de la empresa petrolera Tom Brown Inc. y director de la empresa petrolera TMBR/Sharp Drilling. Kathleen Cooper, que se ocupa del comercio en la Secretaría de Asuntos Económicos, fue ejecutiva de la empresa petrolera Exxon. Thomas White, de la Secretaría de Defensa, fue vicepresidente de la empresa petrolera Enron Corporation.Chiste 7Podría llamarse Asociación para el Exterminio del Planeta y sus Alrededores. Pero no: se llama Centro Mundial para el Medio Ambiente.
Entre sus miembros figuran British Petroleum, Occidental Petroleum, Exxon, Texaco, International Paper, Weyerhaeuser, Novartis, Monsanto, BASF, Dow Chemical y Royal Dutch Shell. Todos estos amigos de la naturaleza y de la especie humana, que periódicamente se condecoran entre sí, anunciaron que la empresa Shell recibirá la Medalla de Oro del Medio Ambiente correspondiente al año 2001. Entre los muchos méritos de la empresa, cabe mencionar sus esfuerzos por arrasar el delta del Níger y por lograr que la dictadura de Nigeria enviara a la horca, en 1995, al escritor Ken Saro-Wiwa y a otra gente molesta que andaba protestando.
 

Tomado del diario La Jornada México 15/4/2001

 

Los derechos de los trabajadores, ¿un tema para los arqueólogos?

Eduardo Galeano

Más de 90 millones de clientes acuden, cada semana, a las tiendas Wal-Mart. Sus más de novecientos mil empleados tienen prohibida la afiliación a cualquier sindicato. Cuando a alguno se le ocurre la idea, pasa a ser un desempleado más. La exitosa empresa niega sin disimulo uno de los derechos humanos proclamados por la Organización de Naciones Unidas: la libertad de asociación. El fundador de Wal-Mart, Sam Walton, recibió en 1992 la medalla de la libertad, una de las más altas condecoraciones que otorga Estados Unidos.

Uno de cada cuatro adultos estadunidenses, y nueve de cada diez niños, engullen en McDonald's la comida plástica que los engorda. Los trabajadores de McDonald's son tan desechables como la comida que sirven: los pica la misma máquina. Tampoco ellos tienen el derecho de sindicalizarse. En Malasia, donde los sindicatos obreros todavía existen y actúan, las empresas Intel, Motorola, Texas Instruments y Hewlett Packard lograron evitar esa molestia. El gobierno de Malasia declaró "union free", libre de sindicatos, el sector electrónico. Tampoco tenían ninguna posibilidad de agremiarse las 190 obreras que murieron quemadas en Tailandia, en 1993, en el galpón trancado por fuera, donde fabricaban los muñecos de Sesame Street, Bart Simpson y los Muppets. Bush y Gore coincidieron, durante la campaña electoral del año pasado, en la necesidad de seguir imponiendo en el mundo el modelo estadunidense de relaciones laborales. "Nuestro estilo de trabajo", como ambos lo llamaron, es el que está marcando el paso de la globalización, que avanza con botas de siete leguas y entra hasta en los más remotos rincones del planeta. La tecnología, que ha abolido las distancias, permite ahora que un obrero de Nike en Indonesia deba trabajar 100 mil años para ganar lo que gana, en un año, un ejecutivo de Nike en Estados Unidos, y que un obrero de la IBM en Filipinas fabrique computadoras que él no puede comprar. Es la continuación de la época colonial, en una escala jamás conocida. Los pobres del mundo siguen cumpliendo su función tradicional: proporcionan brazos baratos y productos baratos, aunque ahora produzcan muñecos, zapatos deportivos, computadoras o instrumentos de alta tecnología, además de producir, como antes, caucho, arroz, café, azúcar y otras cosas malditas por el mercado mundial. Desde 1919, se han firmado 183 convenios internacionales que regulan las relaciones de trabajo en el mundo. Según la Organización Internacional del Trabajo, de esos 183 acuerdos Francia ratificó 115, Noruega 106, Alemania 76 y Estados Unidos... 14. El país que encabeza el proceso de globalización sólo obedece sus propias órdenes. Así garantiza suficiente impunidad a sus grandes corporaciones, lanzadas a la cacería de mano de obra barata y a la conquista de territorios que las industrias sucias pueden contaminar a su antojo. Paradójicamente, este país que no reconoce más ley que la ley del trabajo fuera de la ley es el que ahora dice que no habrá más remedio que incluir "cláusulas sociales" y de "protección ambiental" en los acuerdos de libre comercio. ¿Qué sería de la realidad sin la publicidad que la enmascara? Esas cláusulas son meros impuestos que el vicio paga a la virtud con cargo al rubro de relaciones públicas, pero la sola mención de los derechos obreros pone los pelos de punta a los más fervorosos abogados del salario de hambre, el horario de goma y el despido libre. Desde que Ernesto Zedillo dejó la presidencia de México pasó a integrar los directorios de la Union Pacific Corporation y del consorcio Procter & Gamble, que opera en 140 países. Además, encabeza una comisión de las Naciones Unidas y difunde sus pensamientos en la revista Forbes. En idioma tecnocratés, se indigna contra "la imposición de estándares laborales homogéneos en los nuevos acuerdos comerciales". Traducido, eso significa: arrojemos de una buena vez al tacho de la basura toda la legislación internacional que todavía protege a los trabajadores. El presidente jubilado cobra por predicar la esclavitud. Pero el principal director ejecutivo de General Electric lo dice más claro: "Para competir, hay que exprimir los limones". Los hechos son los hechos. Ante las denuncias y las protestas, las empresas se lavan las manos: yo no fui. En la industria posmoderna, el trabajo ya no está concentrado. Así es en todas partes, y no sólo en la actividad privada. Los contratistas fabrican las tres cuartas partes de los autos de Toyota. De cada cinco obreros de volkswagen en Brasil, sólo uno es empleado de la empresa. De los 81 obreros de Petrobrás muertos en accidentes de trabajo en los últimos tres años, 66 estaban al servicio de contratistas que no cumplen las normas de seguridad. A través de 300 empresas contratistas, China produce la mitad de todas las muñecas Barbie para las niñas en todo el mundo. En China sí hay sindicatos, pero obedecen a un estado que en nombre del socialismo se ocupa de la disciplina de la mano de obra: "Nosotros combatimos la agitación obrera y la inestabilidad social, para asegurar un clima favorable a los inversores", explicó recientemente Bo Xilai, secretario general del Partido Comunista en uno de los mayores puertos del país. El poder económico está más monopolizado que nunca, pero los países y las personas compiten en lo que pueden: a ver quién ofrece más a cambio de menos, a ver quién trabaja el doble a cambio de la mitad. A la vera del camino están quedando los restos de las conquistas arrancadas por dos siglos de luchas obreras en el mundo. Las plantas maquiladoras de México, Centroamérica y el Caribe, que por algo se llaman "sweat shops", talleres del sudor, crecen a un ritmo mucho más acelerado que la industria en su conjunto. Ocho de cada diez nuevos empleos en Argentina están "en negro", sin ninguna protección legal. Nueve de cada diez nuevos empleos en toda América Latina corresponden al "sector informal", un eufemismo para decir que los trabajadores están librados a la buena de Dios. La estabilidad laboral y los demás derechos de los trabajadores, ¿serán de aquí a poco un tema para arqueólogos? ¿No más que recuerdos de una especie extinguida?

En el mundo al revés, la libertad oprime: la libertad del dinero exige trabajadores presos de la cárcel del miedo, que es la más cárcel de todas las cárceles. El dios del mercado amenaza y castiga; y bien lo sabe cualquier trabajador, en cualquier lugar. El miedo al desempleo, que sirve a los empleadores para reducir sus costos de mano de obra y multiplicar la productividad, es, hoy por hoy, la fuente de angustia más universal. ¿Quién está a salvo del pánico de ser arrojado a las largas colas de los que buscan trabajo? ¿Quién no teme convertirse en un "obstáculo interno", para decirlo con las palabras del presidente de la Coca-Cola, que hace un año y medio explicó el despido de miles de trabajadores diciendo que "hemos eliminado los obstáculos internos"? Y en tren de preguntas, la última: ante la globalización del dinero, que divide al mundo en domadores y domados, ¿se podrá internacionalizar la lucha por la dignidad del trabajo? Menudo desafío.

 
DOS VISIONES
SOBRE EL ZAPATISMO

Encuentro zapatista con la nación
Por Alain TouraineExistía un riesgo real de disolución del movimiento zapatista una vez que cambió la política del gobierno. El eco encontrado por la marcha hacia México y, digámoslo de una vez, el compromiso personal del presidente Fox hacen poco probable tal desenlace. Los zapatistas se han ganado el respeto y la admiración de muchos, puesto que su movimiento es el más importante en el continente latinoamericano. Pero, sobre todo, este movimiento de defensa de los pueblos indígenas ha sabido transformarse al mismo tiempo en una vasta acción para ampliar la democracia en México y que va mucho más allá de reconocer los derechos de los indígenas y librarse de un falso mestizaje, que no ha conducido más que a privar a los indígenas de todo reconocimiento de su identidad cultural y de sus derechos materiales.
Por supuesto que los zapatistas trabajan para dar a todos los indígenas una expresión colectiva. Pero su papel puede y debe ser más amplio. En México, al menos la mitad de la población está fuera del juego, política, económica y culturalmente. Y los indígenas, que representan alrededor del 10 por ciento de la población, son una minoría entre estos excluidos y marginados.
¿Cómo puede México, tras la caída del PRI, crear un sistema político si la mitad de la población sigue estando fuera de él? Este es, en mi opinión, el sentido de la situación actual, y especialmente de la complementariedad de los objetivos del zapatismo y los del presidente.
Este busca ensanchar el sistema político y parece estar decidido a hacerlo sin una campaña populista. Por su parte, los zapatistas, que se suicidarían políticamente si ingresaran en un partido político, pueden transformarse en un movimiento, cuyo objetivo sería el de integrar a los excluidos en la vida nacional.
Esta doble iniciativa es tan original que encuentra reticencias y oposiciones. La del presidente Fox puede tropezar con importante políticos, con partidos –incluido el suyo– desorientados, y con el rechazo de la clase media hacia las categorías más desfavorecidas. Los zapatistas tienen como principal obstáculo superar el arcaísmo de una izquierda –por fortuna, principalmente extranjera– que trata de revivir la epopeya del Che, cuando no hay nada más alejado de las pasadas guerrillas que la política de Marcos, quien no distingue entre la amplificación de la democracia mexicana y la defensa de la población chiapaneca.
Las jornadas que vivimos desde el inicio de la caravana son decisivas. O esta marcha termina en la disolución del movimiento zapatista o, por el contrario, éste encuentra nuevos objetivos, muchos más amplios, directamente democráticos y que contarán con el apoyo de todos aquellos que quieren finalmente construir un verdadero sistema político en México.
Lo que sucede en estos momentos sobrepasa todas las previsiones. Nadie imaginaba que el movimiento zapatista encontraría tan rápidamente un apoyo popular de semejante amplitud y tampoco que el presidente Fox se comprometería de manera tan decidida en este asunto.
México tiene hoy una posibilidad que hasta ayer no tenía, la de transformar su vida política y, en primer lugar, su concepción de la nación y la democracia. Sólo será reconocido mundialmente como un gran país si logra este cambio. Los zapatistas han sido, son y serán uno de los agentes principales en el éxito de esta mutación. Y el pueblo mexicano, al recibirlos y acompañarlos, ha demostrado su capacidad de lograr decisivos progresos para el país.
 Una marcha universal
Por Eduardo GaleanoAño 1915, año 2001: Emiliano Zapata entra en la ciudad de México por segunda vez.
Esta segunda vez viene desde La Realidad, para cambiar la realidad: desde la Selva Lacandona llega para que se profundice el cambio de la realidad de todo México.
Desde que emergieron a la luz pública, los zapatistas de Chiapas están cambiando la realidad del país entero. Gracias a ellos, y a la energía creadora que han desencadenado, ya ni lo que era es como era.
Los que hablan del problema indígena tendrían que empezar a reconocer la solución indígena. Al fin y al cabo, la respuesta zapatista a cinco siglos de enmascaramiento, el desafío de estas máscaras que desenmascaran, está desplegando el espléndido arcoiris que México contiene y está devolviendo la esperanza a los condenados a espera perpetua. Los indígenas, está visto, sólo son un problema para quienes les niegan el derecho de ser lo que son y así niegan la pluralidad nacional y niegan el derecho de los mexicanos a ser plenamente mexicanos, sin las mutilaciones impuestas por la tradición racista, que enaniza el alma y corta las piernas.
Ante el mamarracho del proyecto de anexión y traición, ante el patético modelo de una Disneylandia de cuarta categoría, crece y crece este movimiento que sigue siendo local, con sus raíces hundidas en la tierra de la que brotó, pero que ya es, también, nacional. Puede cambiar, está cambiando, y en gran medida gracias al levantamiento indígena de Chiapas, este país que es de todos, pero pertenece a poquitos y expulsa a sus hijos. Porque está muy bien que el gobierno quiera amparar a los mexicanos que se van, y que mueren al ritmo de uno por día por bala o por sed; pero más importante que el derecho de irse es el derecho de quedarse.
¿Y por qué tiene que meter la nariz un extranjero, vamos a ver, en estos asuntos mexicanos, si ni siquiera tiene un pinche dólar invertido en el petróleo ni en nada? Pues ocurre que este movimiento local, que se volvió nacional, se ha saltado las fronteras hace rato. Democracia, justicia, dignidad: millones de personas, en todos los países, agradecemos a los zapatistas y a otros movimientos de los que mueven al mundo la resurrección de esas banderas en este mundo regido por la rentabilidad, la humillación y la obediencia. Hay cada vez menos democracia en los tiempos de la globalización obligatoria; nunca tantos hemos sido gobernados por tan pocos. Hay cada vez más injusticia en la distribución de los panes y los peces. Y la dignidad está cada vez más aplastada por la prepotencia del poder universal, hoy por hoy encarnado en ese huésped grosero que ha sido capaz de sentarse en la mesa de su anfitrión para ofrecerle el postre envenenado de un bombardeo a Bagdad.
Nada de lo que en Chiapas ocurre, nada de lo que ocurre en México nos es ajeno. En la patria de la solidaridad, no hay extranjeros. Somos millones los ciudadanos del mundo que ahí estamos sin estar estando.
La era de Frankenstein
Por Eduardo Galeano

En su novela Un mundo feliz, Aldous Huxley había profetizado la fabricación en serie de seres humanos. En tubos de laboratorio, los embriones se desarrollarían según su futura función en la escala social, desde los alfas, destinados al mando, hasta los epsilones, producidos para la servidumbre.
Setenta años después, la biogenética nos promete, como regalo del naciente milenio, una nueva raza humana. Cambiando el código genético de las generaciones venideras, la ciencia producirá seres inteligentes, bellos, sanos y quizás inmortales, según el precio que cada familia pueda pagar.
James Watson, Premio Nobel, descubridor de la estructura del ADN y jefe del Proyecto Genoma Humano, predica el despotismo científico. Watson se niega a aceptar ningún límite a la manipulación de las células humanas reproductivas: ningún límite a la investigación, ni al negocio. Sin pelos en la lengua, proclama: “Debemos mantenernos al margen de los reglamentos y las leyes”.
Gregory Pence, que dicta cátedra de Etica Médica en la Universidad de Alabama, reivindica el derecho de los padres a elegir los hijos que tendrán, “del mismo modo que los criadores hacen cruzas buscando al perro más adecuado para una familia”.
Y el economista Lester Thurow, del Massachusetts Institute of Technology, exitoso teórico del éxito, se pregunta quién podría negarse a programar un hijo con mayor coeficiente intelectual. “Si usted no lo hace –advierte–, sus vecinos lo harán, y entonces su hijo será el más estúpido del barrio.”
Si la suerte nos acompaña, los viveros del futuro generarán superniños parecidos a estos genios. El mejoramiento de la especie ya no requerirá los hornos de gas donde Alemania purificó la raza, ni la cirugía que Estados Unidos, Suecia y otros países aplicaron para evitar que se reprodujeran los productos humanos de mala calidad. El mundo fabricará personas genéticamente modificadas, como fabrica ya alimentos genéticamente modificados.
2001, odisea del espacio: ya estamos en el 2001 y ya comemos comida química, como había anunciado, hace más de treinta años, la película de Stanley Kubrick. Ahora, los gigantes de la industria química nos dan de comer. Cuestión de siglas: después del DDT y del PCB, que por fin fueron prohibidos cuando hacía años que se sabía que daban más cáncer que felicidad, ha llegado el turno de los GM, los alimentos genéticamente modificados. Desde Estados Unidos, Argentina y Canadá, los GM invaden el mundo entero, y todos somos conejillos de Indias de estos experimentos gastronómicos de los grandes laboratorios.
En realidad, ni siquiera sabemos qué comemos. Salvo contadas excepciones, las etiquetas de los envases no nos advierten que contienen ingredientes que han sufrido la manipulación de uno o varios genes. La empresa Monsanto, la principal proveedora, no incluye el dato en sus etiquetas de origen, ni siquiera en el caso de la leche proveniente de vacas tratadas con hormonas transgénicas de crecimiento. Esas hormonas artificiales favorecen el cáncer de próstata y de seno, según varias investigaciones publicadas en The Lancet, Science, The International Journal of Health Services y otras revistas científicas, pero la Food and Drug Administration de Estados Unidos autorizó la venta de la leche sin mención en las etiquetas, porque al fin y al cabo las hormonas apresuran el crecimiento y aumentan el rendimiento y, por lo tanto, también aumentan la rentabilidad. Lo primero es lo primero, y lo primero es la salud de la economía. De todos modos, cuando Monsanto está obligada a confesar lo que vende, como en el caso de los herbicidas, la cosa no cambia mucho. Hace un par de años, la empresa tuvo que pagar una multa por “setenta y cinco menciones inexactas” en los bidones del venenoso herbicida Roundup. Le hicieron precio. Pagó tres mil dólares por cada mentira.
Algunos países se defienden, o al menos intentan defenderse. En Europa, la importación de productos de la ingeniería genética está prohibida en algunos casos y en otros está sometida a control. Desde 1998, por ejemplo, la Unión Europea exige etiquetas claras para la soja genéticamente modificada, pero se hace muy difícil llevar a la práctica esta buena intención. El rastro se pierde en las múltiples combinaciones: según Greenpeace, la soja GM está presente en el sesenta por ciento de toda la comida procesada que se ofrece en los supermercados del mundo.
En las manifestaciones ecologistas, un gran pescado alza un cartel: No se metan con mis genes. Al lado, un tomate gigante exige lo mismo. En todo el mundo se multiplican las voces de protesta. La actitud europea es un resultado de la presión de la opinión pública. Cuando los granjeros franceses incendiaron los silos llenos de maíz transgénico, por el daño notorio que hacía al ecosistema, el agitador campesino José Bové se convirtió en un héroe nacional, un nuevo Asterix que alegó, en su defensa: “Nosotros, los granjeros y los consumidores, ¿cuándo fuimos consultados sobre esto? Nunca”.
El gobierno francés, que lo había metido preso, desautorizó los cultivos del maíz inventado por la biotecnología. Algún tiempo después, la empresa norteamericana Kraft Foods devolvió millones de tortillas de maíz transgénico, marca Taco Bell, abrumada por las quejas de los consumidores que habían sufrido reacciones alérgicas. Mientras tanto, la canciller Madeleine Albright decía y repetía en Europa, según es obligación prioritaria de la diplomacia norteamericana: “No hay ninguna prueba de que los alimentos genéticamente modificados sean perjudiciales para la salud ni para el ambiente”.
Los europeos tienen muy concretos motivos para desconfiar de las piruetas tecnocráticas en la mesa del comedor. Están escamados por su reciente experiencia con las vacas locas. Mientras comían pasto o alfalfa, durante miles de años, las vacas se habían comportado con una cordura ejemplar y habían aceptado, resignadas, su destino. Así fue, hasta que el loco sistema que nos rige decidió obligarlas al canibalismo. Las vacas comieron vacas, engordaron más, brindaron a la humanidad más carne y más leche, fueron felicitadas por sus dueños y aplaudidas por el mercado –y se volvieron locas de remate–. El asunto dio origen a muchos chistes, hasta que empezó a morir gente. Un muerto, diez, veinte, cien...
En 1996, el Ministerio británico de Agricultura había informado a la población que el pienso de sangre, sebo y gelatina de origen animal era un alimento seguro para el ganado e inofensivo para la salud humana.
 
El espejo
Por Eduardo Galeano

Los hermanos gemelos no necesitan espejo. Cada gemelo sirve de espejo a su hermano: cuando uno mira al otro, se ve.
Joseph Stiglitz fue vicepresidente del Banco Mundial hasta principios de este año. En abril, a modo de despedida, publicó en la revista The New Republic un artículo que retrata, sin piedad, a una organización todopoderosa: no el Banco Mundial, en cuyas cumbres estuvo sentado, sino el Fondo Monetario Internacional. Pero el retrato resultó, también, un involuntario autorretrato. Si Dios quiere y la Virgen, el vicepresidente del Fondo Monetario Internacional nos ofrecerá, cuando se jubile, la verdadera fotografía de frente y perfil del Banco Mundial, que resultará idéntica a la de su hermano gemelo. “Porque lo mismo es lo mismo y además es igual”, como bien dice un anónimo filósofo que deambula por los cafés de mi barrio; y porque la dictadura financiera universal se ejerce de a dos, pero los dos son uno, según el misterio del Santísimo Dúo.
El sol que vino del oeste
El retrato que traza Stiglitz parece obra de alguno de esos miles de artistas de la denuncia que han armado tremendo alboroto en Seattle, Washington y Praga. 
Los hermanos gemelos habían proyectado la reunión de Praga, prevista desde hace algunos años, como una celebración. El evangelio del mundo libre y el catecismo del mercado libre habían salvado a los países del este y el milagro bien valía una fiesta. 
¿Se arruinó la fiesta por culpa de los convidados de piedra, esos metelíos que tienen la mala costumbre de asomar la nariz donde nadie los llama? He aquí el milagro, según Stiglitz: “La rápida privatización urgida a Moscú por el FMI y el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos ha permitido que un reducido grupo de oligarcas se apoderara de los bienes públicos... Mientras el gobierno no tenía fondos para pagar las pensiones, esos oligarcas estaban enviando a sus cuentas en los bancos de Chipre y Suiza el dinero proveniente del desmantelamiento del Estado y de la venta de los preciosos recursos nacionales... Sólo el dos por ciento de la población vivía en la pobreza al final del triste período soviético, pero la “reforma” elevó la tasa de pobreza a casi el cincuenta por ciento, con más de la mitad de los niños rusos viviendo por debajo de sus necesidades mínimas”.
La computadora infiel
Un dibujo de Plantu, publicado en Le Monde, muestra a un taxista de ojos rasgados llevando a un pasajero. El pasajero es un experto del Fondo Monetario. El taxista pregunta:
–¿Usted viene al Asia con frecuencia?
–No. Pero te indicaré el camino. 
Stiglitz lo dice de otra manera: “Cuando el FMI decide ayudar a un país, despacha una ‘misión’ de economistas. Frecuentemente, estos economistas carecen de experiencia en el país; conocen mejor los hoteles de cinco estrellas que las aldeas del campo”. Y cuenta: “Escuché versiones sobre un infortunado incidente. Uno de estos equipos de expertos copió una extensa parte del informe sobre un país y lo pasó, tal cual estaba, al informe sobre otro país. Todo hubiera quedado así, a no ser porque el procesador de palabras no funcionó como debía y dejó el nombre del país original en algunos párrafos”. Y comenta: “Uuuy”.
Además de ejercer, hasta hace un ratito, la vicepresidencia del Banco Mundial, Stiglitz fue también jefe de sus economistas. Se ve que él ha sido más cuidadoso con las computadoras a la hora de procesar, para cada país, los proyectos fabricados en serie. 
Tal para cual
Egipto sufrió nada más que siete plagas, pero eso ocurrió mucho antes de la globalización. Las calamidades de ahora se programan y se aplican en escala universal.
Escribe Stiglitz: “Al FMI no le gusta que le hagan preguntas. En teoría, ayuda a las instituciones democráticas en los países donde opera. En la práctica, socava el proceso democrático al imponer sus políticas”. 
Y presiente las explosiones de protesta: “Dirán que el FMI es arrogante. Dirán que el FMI no escucha a los países en desarrollo a los que se supone que ayuda. Dirán que el FMI funciona en secreto y sin contabilidad democrática. Dirán que los ‘remedios’ del FMI a menudo empeoran las cosas... Y no les faltará razón”.
Exactamente lo mismo dirán del Banco Mundial y tampoco les faltará razón.
Pero el presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, es un incomprendido: “Resulta desmoralizador ver toda esta movilización por la justicia social, cuando nosotros la ponemos en práctica cada día. Nadie en el mundo está haciendo tanto por los pobres como nosotros”, dice. ¿Y cómo expresa el Banco Mundial ese amor por los pobres?
Como su hermano gemelo: multiplicándolos.

 

El sol que vino del oeste  

Eduardo Galeano
 

 


 

 

El espejo Los hermanos gemelos no necesitan espejo. Cada gemelo sirve de espejo a su hermano: cuando uno mira al otro, se ve. Joseph Stiglitz fue vicepresidente del Banco Mundial hasta principios de este año. En abril, a modo de despedida, publicó en la revista The New Republic un artículo que retrata, sin piedad, a una organización todopoderosa: no el Banco Mundial, en cuyas cumbres estuvo sentado, sino el Fondo Monetario Internacional. Pero el retrato resultó, también, un involuntario autorretrato. Si Dios quiere y la Virgen, el vicepresidente del Fondo Monetario Internacional nos ofrecerá, cuando se jubile, la verdadera fotografía de frente y perfil del Banco Mundial, que resultará idéntica a la de su hermano gemelo. ''Porque lo mismo es lo mismo, y además es igual", como bien dice un anónimo filósofo que deambula por los cafés de mi barrio; y porque la dictadura financiera universal se ejerce de a dos pero los dos son uno, según el misterio del Santísimo Dúo.  El sol que vino del oeste El retrato que traza Stiglitz parece obra de alguno de esos miles de artistas de la denuncia que han armado tremendo alboroto en Seattle, Washington y Praga. Los hermanos gemelos habían proyectado la reunión de Praga, prevista desde hace algunos años, como una celebración. El evangelio del mundo libre y el catecismo del mercado libre habían salvado a los países del Este, y el milagro bien valía una fiesta. ¿Se arruinó la fiesta por culpa de los convidados de piedra, esos metelíos que tienen la mala costumbre de asomar la nariz donde nadie los llama? He aquí el milagro, según Joseph Stiglitz: ''La rápida privatización urgida a Moscú por el Fondo Monetario Internacional y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha permitido que un reducido grupo de oligarcas se apoderara de los bienes públicos... Mientras el gobierno no tenía fondos para pagar las pensiones, esos oligarcas estaban enviando a sus cuentas en los bancos de Chipre y Suiza el dinero proveniente del desmantelamiento del estado y de la venta de los preciosos recursos nacionales... Sólo dos por ciento de la población vivía en la pobreza al final del triste periodo soviético, pero la 'reforma' elevó la tasa de pobreza a casi el cincuenta por ciento, con más de la mitad de los niños rusos viviendo por debajo de sus necesidades mínimas".  La computadora infiel Un dibujo de Plantu, publicado en Le Monde, muestra a un taxista de ojos rasgados llevando a un pasajero. El pasajero es un experto del Fondo Monetario. El taxista pregunta: -¿Usted viene al Asia con frecuencia?
-No. Pero te indicaré el camino.
Stiglitz lo dice de otra manera: ''Cuando el FMI decide ayudar a un país, despacha una 'misión' de economistas. Frecuentemente, estos economistas carecen de experiencia en el país; conocen mejor los hoteles de cinco estrellas que las aldeas del campo". Y cuenta: ''Escuché versiones sobre un infortunado incidente. Uno de estos equipos de expertos copió una extensa parte del informe sobre un país y lo pasó, tal cual estaba, al informe sobre otro país. Todo hubiera quedado así, a no ser porque el procesador de palabras no funcionó como debía, y dejó el nombre del país original en algunos párrafos". Y comenta: ''Uuuy". Además de ejercer, hasta hace un ratito, la vicepresidencia del Banco Mundial, Stiglitz fue también jefe de sus economistas. Se ve que él ha sido más cuidadoso con las computadoras a la hora de procesar, para cada país, los proyectos fabricados en serie.  Tal para cual Egipto sufrió nada más que siete plagas, pero eso ocurrió mucho antes de la globalización. Las calamidades de ahora se programan y se aplican en escala universal. Escribe Stiglitz: ''Al FMI no le gusta que le hagan preguntas. En teoría, ayuda a las instituciones democráticas en los países donde opera. En la práctica, socava el proceso democrático al imponer sus políticas". Y presiente las explosiones de protesta: ''Dirán que el FMI es arrogante. Dirán que el FMI no escucha a los países en desarrollo a los que se supone que ayuda. Dirán que el FMI funciona en secreto y sin contabilidad democrática. Dirán que los 'remedios' del FMI a menudo empeoran las cosas... Y no les faltará razón". Exactamente lo mismo dirán del Banco Mundial, y tampoco les faltará razón. Pero el presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, es un incomprendido: ''Resulta desmoralizador ver toda esta movilización por la justicia social, cuando nosotros la ponemos en práctica cada día. Nadie en el mundo está haciendo tanto por los pobres como nosotros", dice. ¿Y cómo expresa el Banco Mundial ese amor por los pobres? Como su hermano gemelo: multiplicándolos.

Tomado de
La Insignia y publicado en el diario La jornada, el 7 de octubre de 2000.

 

Progresos
Por Eduardo Galeano

 

La modernización Levi Freisztav lee, escribe, pinta y talla maderas, hasta la caída de la tarde. Más, no. Ya los ojos sienten el paso y el peso de los años; y él prefiere guardar los ojos para mirar las montañas.
Con la mirada clavada allá, en los altos picos donde se enredan los jirones del crepúsculo, Levi evoca los tiempos idos. Ya hace casi medio siglo que se vino a la Patagonia, desde Buenos Aires, por casualidad o curiosidad, y aquí se quedó para siempre: caminando estas tierras y estos aires, Levi descubrió que sus padres se habían equivocado de mapa cuando le dieron nacimiento.
Apenas llegó al sur, este sur que iba a ser su lugar en el mundo, Levi consiguió trabajo en un proyecto de hidroponía. Un doctor del lugar había leído, en alguna revista, que los norteamericanos estaban plantando lechugas en el agua, y el doctor decidió poner en práctica esa novedad. Levi cavaba, clavaba, sudaba, montando día tras día una complicada estructura de tubos acanalados, hierros y cristales. Si lo hacen en Estados Unidos por algo será, decía el doctor, es una fija, no puede fallar; esa gente está a la vanguardia de la civilización y de todo, llevamos varios siglos de atraso; la tecnología es la llave de la riqueza.
En aquellos tiempos, Levi era todavía un bicho urbano, un hombre del adoquín o del asfalto, de esos que creen que los tomates nacen del plato y se quedan bizcos cuando ven un pollo que camina. Pero un día, contemplando las inmensidades de la Patagonia, la vasta verdería de estos valles vacíos, se le ocurrió preguntar:
–Oiga, doctor. ¿Valdrá la pena? ¿Valdrá la pena, con tanta tierra que hay?
Perdió el trabajo.
Visitas Había corrido la sangre, sangre de los inocentes y sangre de los valientes y Sicilia parecía por fin libre de mafiosos.
Entonces, llegaron los extraterrestes. En la ciudad de Palermo, que está en la punta de esa isla que la bota de Italia patea, un vecino llamado Salvatore denunció a la policía que un extraterrestre le había robado la motoneta. Otro vecino, Sergio, publicó una carta, en un diario local, revelando que había sido secuestrado por unos enanos con antenitas.
Mientras tanto, otro vecino, Aldo, se preparaba para viajar al espacio sideral. Tenía listo el equipaje, no más que un par de zapatillas y una camiseta, ayunaba para no pesar y se había afeitado todo el cuerpo, hasta las cejas, para que la astronave pudiera aspirarlo sin que los pelos molestaran la fuerza magnética. Había un planeta, decía Aldo, donde las máquinas hacían todo y la gente era feliz.
El desobediente Wagner Adoum andaba en su automóvil con la vista siempre clavada al frente, sin echar jamás ni una sola ojeada a los carteles que daban órdenes al borde de las calles de Quito y de las carreteras del país. Los amigos le decían que eres un suicida y un peligro público, que ya basta de provocar zafarranchos y estampidas, tienes que respetar los carteles, hazlo por tu vida y por la vida de los demás.
Pero él se defendía. No lo hago por distraído, decía:
–Yo nunca maté a nadie. Y si tengo los años que tengo y sigo vivo, es porque nunca hice el menor caso a los carteles.
Gracias a eso, decía, él no había bebido un océano de coca-colas, ni había comido una montaña de hamburguesas, ni se había cavado un cráter en la panza tragando millones de aspirinas y había evitado que las tarjetas de crédito lo hundieran hasta los pelos en el pantano de las deudas. Y así se había salvado de morir por ahogo, indigestión, hemorragia o asfixia.
El funcionario Horacio Tubio había alzado casa en el valle de El Bolsón, pero la casa no tenía luz eléctrica. El había venido desde California, cargando sus modernos chirimbolos: la computadora, el fax, el televisor y el lavarropas se negaban a funcionar con luz de velas.
Horacio acudió a la oficina correspondiente. Lo atendió un ingeniero. El ingeniero consultó unos enigmáticos mapas y respondió que ya el servicio estaba funcionando en esa zona.
–Sí, funciona –reconoció Horacio–. Funciona en el bosque y solamente en el bosque. Los árboles me dijeron que están agradecidos, pero ellos no necesitan luz eléctrica.
El ingeniero se indignó:
–¿Sabe cuál es su problema? La arrogancia –sentenció–. Con esa arrogancia, usted no va a conseguir nunca nada.
Horacio se retiró, cerró la puerta. Y enseguida golpeó, toc-toc:
–¡Adelante! –mandó el ingeniero.
Toc-toc, seguían los golpecitos.
El ingeniero se levantó y abrió: Horacio estaba allí, de rodillas humillando la cabeza:
–Usted, ingenierio, que ha tenido la suerte de poder estudiar...
–Levantese, levantese.
Arrodillado, Horacio gemía:
–Usted que tiene un título, ingeniero...
Horacio miraba al suelo; el ingeniero miraba al techo:
–Levantese, por favor.
–Comprenda mi situación, ingeniero, yo quisiera aprender a leer, pero no tengo luz...
—Le ruego que se levante –suplicaba el ingeniero.
–... y sin luz, ¿cómo voy a aprender a leer? –insistía Horacio, las rodillas clavadas al piso–. Usted comprenda...
Al día siguiente, la luz eléctrica llegó a su casa.
El cielo y el infierno Los bisontes de Altamira siguen huyendo; la Gioconda sigue ofreciendo su sonrisa sobradora; no se han muerto los fusilados que Goya pintó ni se han marchitado los girasoles de Van Gogh. Cuando dan inmortalidad a lo que pintan, aunque sea no más que una terrestre y mortal inmortalidad, los artistas desafían la ley divina: Dios sospecha, con toda razón, que estos señores quieren hacerle la competencia y eso a El no le gusta ni un poquito.
El Tola Invernizzi, que es del oficio, sabe que los pintores no van al Cielo. Pero tiene esperanzas. Fuentes bien informadas le contaron que allá en las alturas han cambiado, en estos últimos días, las leyes de inmigración y que ahora están otorgando facilidades. Ya San Pedro no alza la mano para impedirte el paso:
–Usted no ha sido tan bueno como dice.
En cambio, el portero de Dios te palmea la espalda:
–Usted no ha sido tan malo como cree.
Dice el Tola que le dijeron que la nueva política celestial se explica porque el Paraíso se ha quedado casi vacío. Algunas almas, las más santas, ya no podían soportar las comodidades del aire acondicionado sabiendo que hay otras almas condenadas a achicharrarse en el fuego y, por solidaridad, han renunciado al reino de la salvación y se han arrojado a los abismos. El eterno aburrimiento ha empujado a otras almas, no tan santas, a pedir el retiro, hartas como estaban de pasarse la eternidad escuchando siempre a los mismos angelitos tocando siempre el mismo concierto para arpa sola y siempre sobre la misma nube. Y otras almas, muchas, han sucumbido a la publicidad, que desde el infierno promete calor tropical, carne a las brazas, trago gratis, amor libre y otras perdiciones.



Viajes
Por Eduardo Galeano

 


El toreroRafael Gallo, señor de los ruedos, había cumplido gran faena en la plaza de toros de Albacete y había recibido, en trofeo, las orejas y el rabo.
Mientras se desnudaba de su traje de luces, el diestro decidió:
–Ahora mismo nos volvemos a Sevilla.
El ayudante le explicó que no se podía, que ya era muy tarde:
–Y lo lejos que está Sevilla...
Rafael se irguió. Como si estuviera en plena lidia, y su ayudante fuera toro, mandó:
–¡Quietooooooo!
Hecho un relámpago de furia, puso las cosas en su sitio:
–¿Qué has dicho tú, qué has dicho? Sevilla está donde debe estar. Lo que está lejos es esto.
Los inmigrantesUna piedra,
un trébol de cuatro hojas,
una flor que ya no tenía olor ni color,
un zapato solo,
un mechón de pelo,
una vieja llave que había perdido su puerta,
una pipa que había perdido su boca,
el nombre de alguien bordado en un 
pañuelo,
el retrato de alguien en marco de óvalo,
una cobija que había sido compartida
y otras cosas y cositas venían envueltas, entre ropas muy gastadas y lavadas, en las valijas de los peregrinos. No era mucho lo que cabía en cada valija, pero en cada valija cabía un mundo. Chueca, destartalada, atada con cordones o mal cerrada por herrajes herrumbrosos, cada valija era como eran todas, pero cada una era igual a ninguna.
Los hombres y las mujeres llegados desde lejos se dejaban llevar, como sus valijas, de fila en fila, y se amontonaban, como sus valijas, esperando. Venían de remotas aldeas perdidas en el mapa de Europa, fugitivos de la miseria y de otros horrores, y al cabo de la larga travesía habían desembarcado en la isla Ellis. Estaban a un paso de la Estatua de la Libertad, que había llegado poco antes que ellos al puerto de Nueva York.
En la isla, funcionaba el colador. Los porteros de la Tierra Prometida interrogaban y clasificaban a los inmigrantes, les escuchaban el corazón y los pulmones, les estudiaban los párpados, las bocas y los dedos de los pies, los pesaban y les medían la presión, la fiebre, la estatura y la inteligencia.
Los exámenes de inteligencia eran un desastre. Muchos de los recién llegados no sabían escribir y no atinaban más que a balbucear palabras incomprensibles, en lenguas desconocidas. Para definir su coeficiencia intelectual, las mujeres debían contestar, entre otras preguntas, cómo se barría una escalera: ¿Se barría hacia arriba, hacia abajo o hacia los costados? Una muchacha polaca respondió:
–Yo no he venido a este país para barrer escaleras.
El pianoVino desde Europa. Metido en un inmenso cajón, viajó en barco, en tren y despuésen hombros. Fue cargado a pulso, Bolivia adentro: cuarenta peones se abrieron paso a través de las serranías, inventando puentes, escaleras y caminos, con aquella mole encima. Cinco meses llevó el atroz subibaja por barrancos y quebradas, hasta que por fin el piano Steinway llegó, sin un rasguño, a la ciudad de Tarija.
Por entonces, Tarija estaba habitada por catorce mil novecientos cincuenta mandados y cincuenta mandones. En las cumbres, la única dama que no tenía piano era doña Beatriz Arce de Baldiviezo. Un tío preocupado había enviado este regalito, desde París, para que recuperara su color natural y pudiera respirar tranquila la sobrina que vivía roja de envidia y suspirando noche y día. Y no era un piano cualquiera. Aquel Steinway de gran cola lucía, dentro de la tapa, los sellos de los premios que le habían otorgado todos los imperios y reinos de Europa, y sonaba tan gloriosamente que se alzaba solito desde el piso.
Pasaron los años y las gentes, el tiempo y la historia. Tarija creció y todo cambió. Y un día, doña María Nidi Baldiviezo, que había recibido el piano en herencia, salió del consultorio médico sabiendo que estaba enferma de cáncer. De la fortuna familiar ya sólo quedaban el piano y la nostalgia y doña María no tenía otra cosa que vender para pagarse el viaje y el tratamiento en Houston.
Recibió la primera oferta desde Japón. Ella se negó. La segunda propuesta vino desde los Estados Unidos, y ella no la aceptó. El tercer comprador llamó desde Alemania, y ella no hizo caso. Y lo mismo ocurrió con los interesados que acudieron desde Buenos Aires, La Paz y Santa Cruz. La vendedora decía no a los precios altos, a los precios bajos y a los del medio también.
Entonces, doña María reunió a los musiqueros, los teatreros, los imagineros y demás eros de Tarija y les propuso, desde su lecho de enferma:
–Dénme lo que tengan, y se quedan con el Steinway.
Ellos vaciaron los bolsillos, unos pocos billetes arrugados y sucios, y ella dijo:
–Trato hecho.
Doña María se quedó sin viaje y sin tratamiento, pero así se cumplió la voluntad del piano. Aunque el piano había nacido en tierras lejanas, bautizado por las manos de Franz Liszt, era en Tarija donde había encontrado querencia, y queriendo querer quería quedarse allí. Y allí, donde poco después doña María murió, él continúa prestando sus invalorables servicios en las veladas culturales, en las efemérides patrias y en todos los actos cívicos de la localidad.
El destinoAlbert Londres había viajado a través del mundo y de las gentes y había escrito veinte libros. Había escuchado y contado historias de locos y desterrados, atletas y malandrines, guerreros y damas de la noche. Había escrito sobre los hervideros de furia de los Balcanes y de Argelia y sobre la trata de negros en Dakar y la trata de blancas en Buenos Aires. Había compartido las aventuras y las desventuras de los soldados en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, los revolucionarios en las barricadas de Rusia y China, los pescadores de perlas en el golfo de Adén y los presos condenados a infierno perpetuo en la cárcel de Cayena.
Albert había escrito mucho y había andado mucho, hasta más allá del horizonte, cuando una noche encontró lo que buscaba sin saber qué buscaba. Los dioses tuvieron la gentileza o cometieron la crueldad de revelarle lo que él había estado esperando, sin saber qué esperaba, durante todos sus años de vida peregrina. Ocurrió en China, y Albert se puso a escribir un libro que ocupó, desde entonces, todas las horas de su vigilia y de su sueño. Escribió sin parar, sin comer ni dormir, para eso había nacido, ése era el primero y el último y el único libro entre todos sus libros: escribió en la tierra y en la mar, empezó a escribir encerrado en su habitación de un hotel de Shanghai y después siguió escribiendo encerrado en su camarote de un barco llamado “Georges Philppar”. Durante todos los días y las noches de la navegación, escribió y escribió, hasta que al llegar a las aguas del mar Rojo el barco se incendió y él no tuvo másremedio que salir a cubierta y a los empujones fue metido en el bote salvavidas.
Ya el bote se estaba alejando del naufragio, cuando Albert se golpeó la frente, gritó ¡mi libro! y se echó al agua. Nadando, llegó. Trepó como pudo al barco en llamas y se metió en el fuego, donde su libro ardía.
Y nunca más se supo de ninguno de los dos.



La monarquía universal
Por Eduardo Galeano
Ya se desmoronó la cortina de hierro, como si fuera de puré, y las dictaduras militares son una pesadilla que muchos países han dejado atrás. ¿Vivimos, pues, en un mundo democrático? ¿Inaugura este siglo XXI la era de la democracia sin fronteras? ¿Un luminoso panorama, con algunas pocas nubes negras que confirman la claridad del cielo?
Los discursos prestan poca atención a los diccionarios. Según los diccionarios de todas las lenguas, la palabra democracia significa “gobierno del pueblo”. Y la realidad del mundo de nuestro tiempo se parece, más bien, a una poderocracia: una poderocracia globalizada. 
Día tras día, en cada país se van recortando más y más los angostos márgenes de maniobra de los políticos locales, que por regla general prometen lo que no harán y que muy rara vez tienen la honestidad y el coraje de anunciar lo que harán. Se llama realismo al ejercicio del gobierno como deber de obediencia: el pueblo asiste a las decisiones que toman, en su nombre, los gobiernos gob